Reivindicación de una jueza valiente

Nassef Perdomo Cordero
Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Corrían los últimos días de julio de 2017 cuando en el país se escuchó, alto y claro, una voz casi solitaria en defensa del debido proceso y el respeto a los derechos de los imputados.

La jueza Miriam Germán, entonces presidenta de la Sala Penal de la Suprema Corte de Justicia, emitió uno de los tres votos disidentes contra la decisión que confirmó la imposición de medidas de coerción contra los principales imputados del caso Odebrecht.

En su disidencia, Miriam Germán hizo críticas severas y detalladas al Ministerio Público por la falta de sustancia de sus acusaciones. También habló de cómo se estaban usando los medios de comunicación para exponer a los imputados y, sobre todo, de la pretensión del órgano acusador de que su teoría del caso sea considerada una prueba en sí misma.

Esas palabras le costaron los ataques despiadados del Ministerio Público que vio en ellas la censura fundada a sus malas prácticas que, en ese caso específico, eran defendidas por personas que todavía ocupan cargos muy altos en esa institución. Muchos sospechan que ese voto fue la razón de la desconsideración y el maltrato públicos que sufrió en el Consejo Nacional de la Magistratura casi dos años después.

Pero el tiempo le dio la razón. La Suprema Corte de Justicia terminó asumiendo posiciones casi idénticas sobre ese caso concreto, que el jueves de la semana pasada fueron ratificadas por la sentencia TC/0054/26 del Tribunal Constitucional. Las advertencias de Miriam Germán hoy están respaldadas por decisiones firmes, finales y contundentes, de los más altos tribunales de la República.

Los que entonces señalaron a Miriam Germán son quienes hoy ven cuestionada, con razón, la forma en la que ejercen la función que les ha sido encomendada. En su afán por imponer teorías del caso que no se ajustan a los hechos, no hacen otra cosa que construir castillos de naipes.

La semana pasada escribí que siempre terminan reivindicados los jueces que resisten el populismo penal y fallan como mandan su conciencia y el Derecho. No pensé que los hechos serían tan raudos en dar un ejemplo clarísimo de esto.