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Refranes que se torcieron en el camino

Por la plata baila el mono, pero nunca es para el mono la plata por la que baila.

No hay barco que mar no venga.

¡El hábito no hace el monje! Sí, pero lo distingue en medio de la muchedumbre.

¡Cada loco con su tema! Y Dios con el de todos.

Ojo por ojo y diente por diente. Si no eres tuerto y te quedan en la boca dientes naturales.

Si tú enemigo es fuerte… no te sientes a llorar y lamentarte. Únete de inmediato a quien te ayude a derrotarlo.

Donde se mata la vaca se desuella, porque nadie puede cargar solo con su peso tan impresionante.

¡Todo lo que brilla, no es oro! Pero mire bien: puede ser un diamante.

¡El ojo del amo, engorda el caballo! Si el dueño no es ciego.

¡Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija! Excelente. Feliz de la vida si el parque Botánico te queda cerca, o vives en el campo.

¡Quien calla, otorga! Piénselo mejor, porque la cobardía tiene un precio; y, por eso los tontos repiten que en boca cerrada no entran moscas.

¡Quien espera, desespera! Depende de la fila para pago de facturas, o la cantidad de pacientes en el consultorio del especialista.

¡A caballo regalado no se le mira el diente! Siempre y cuando el regalo tenga herraduras buenas y silla de montar.

¡Amor con amor se paga! Cuando el hombre no tiene una cartera poderosa. Y cuidado, cuidadito si aparece otro amor y lo apaga.

¡Al mal tiempo, buena cara! Si no vives en una remota tribu de África.

¡En río revuelto, ganancias de pescadores! Asegúrese bien que en el cauce haya peces en abundancia.

¡Aunque te vistas de seda, mona te quedas! Sí, pero con esa peculiar facha el mundo se divierte.

¡Quien no oye consejo, no llega a viejo! Depende de la edad del aconsejado; y de quien viene el consejo.

¡El que le roba a un funcionario ladrón, tiene un cómplice y a los dos le caen cien años de prisión!

¡Quien habla lo que no sabe, oye lo que no quiere! Tranquilos. No aplica para los sordos.

¡Un hombre prevenido vale por dos! Si lo compras en tiempo de ofertas.

¡Cuando el mar botó pejes! ¡Qué sorpresa! Eso es común y normal, luego de una bestial tormenta.

¡El puerco sabe en qué palo se rasca! Si no está atravesado en una puya, con un fuego infernal.

¡Dime con quién duermes y te diré cómo despiertas!

Más vale tarde que nunca. El hombre confiado, que espera hasta deshoras la llegada de su enamorada.

Cuando Caín mató a Abel no hubo lágrimas. Y tampoco velatorio con rezos en una sala de funeraria.

Lo que abunda no daña. Claro. Si tienes a mano un frasco de buen laxante.

¡Quien da de comer a un perro ajeno, pierde el perro y la comida! No lo piense mucho; y espante de inmediato ese perro hambriento, que se vaya pronto de su puerta. Hágalo sin remordimientos.

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Rafael García Romero

Rafael García Romero. Novelista, ensayista, periodista. Tiene 18 libros publicados y es un escritor cuya trayectoria está marcada por una audaz singularidad narrativa, reconocido como uno de los pilares esenciales de la literatura dominicana contemporánea. Premio Nacional de Cuento Julio Vega ...

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