Para empezar con buen pie, nuestras autoridades gubernamentales (Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial) tienen que enfocarse en una serie de medidas y decisiones que son inaplazables.
Vamos a enumerar unas cuantas a manera de ejemplo: la reforma de la Ley 87-01 sobre seguridad social y del sistema de pensiones; la fiscal y tributaria prevista en la Estrategia Nacional de Desarrollo (END), que reduzca el gasto tributario en favor de las finanzas del Estado; el 4 % del PIB en educación; los subsidios generales; el empleo de los migrantes y su estatus temporal. Es necesario convocar al Consejo Económico y Social junto a los representantes de todas las fuerzas políticas y sus mesas de trabajo.
Hemos logrado avances extraordinarios en las últimas dos décadas. El crecimiento del ingreso per cápita (la renta per cápita o PIB per cápita de la República Dominicana es de aproximadamente US$10,876, julio de 2025) es uno de los más rápidos de la región. El éxito de esto se debe a una estrategia de apertura del comercio exterior (exportaciones crecientes, inversión extranjera directa en ascenso, turismo cada vez con más visitantes, zonas francas de exportación y remesas de los dominicanos ausentes). Ahí reside la respuesta.
Nos encontramos en este 2026 con grandes desafíos como mercado emergente, que requiere más exportaciones y, sobre todo, insertarnos en el de productos electrónicos y chips para computadoras a través de cadenas de suministro de marcas reconocidas.
La buena gestión económica es clave para mantener la macroeconomía estable y no utilizar medidas contingentes. Los bancos requieren flujos de capitales que puedan proveer a tasas rentables, pero sobre todo asequibles. El mercado de bonos en moneda local requiere profundización para reducir la dependencia de flujos de capitales volátiles.
Mediante una política monetaria prudente se ha conseguido mantener a raya la inflación, que crece moderadamente en los precios, así como la expansión del crédito, cumpliendo con las metas de inflación y las políticas macroprudenciales.
Las crecientes tensiones comerciales en naciones avanzadas y la desaceleración del crecimiento del PIB del año recién transcurrido obligan a un manejo cauteloso por la incertidumbre que todavía permanece. Las fuerzas fundamentales se pondrán a prueba en este 2026 mediante la resiliencia de sectores dinámicos como el turismo, las zonas francas de exportación, la IED y las exportaciones crecientes de productos tradicionales, que reducen significativamente la presión sobre las variables ya señaladas.
Alcanzar una etapa de crecimiento económico obliga a buscar nuevos mercados que, unidos al conjunto de reformas decisivas, se refuercen entre sí.
Los cambios demográficos que venimos experimentando desde hace décadas deben ser objeto de la mayor atención de las políticas sociales. El número de trabajadores informales ha crecido y es muy importante brindarles un impulso para su incorporación a la formalidad, ofreciendo facilidades.
Hay que reforzar el sistema de pensiones y las redes de protección social para atender a una tercera edad en expansión. Insertar a la mujer en la fuerza laboral ayudará a mantener en marcha el motor del crecimiento.
Hoy día es muy importante desarrollar el potencial de nuestra juventud en el uso y aplicación de la inteligencia artificial (IA). Es imprescindible que la escuela pública y privada se integren en un plan para mejorar las aptitudes de los estudiantes de nivel medio y superior en esta materia, dado que se nos avecinan grandes cambios (laborales, cognoscitivos, técnicos, etc.) por esta vía.
Las metas de inflación hay que mantenerlas dentro del rango prudente para contener el alza de los precios, mientras se expande el crédito previniendo el riesgo financiero.
Ahora bien, en el largo plazo es necesario poner a prueba a los líderes. El país no puede permitirse ampliar la brecha de la corrupción que nos separa de naciones más adelantadas. Alcanzar el conjunto de reformas señaladas significa pasar a otra etapa con un mejor desempeño fiscal. En la última década, el número de trabajadores insertos en el aparato productivo creció más rápidamente, brindando un impulso al crecimiento económico.
Los cambios demográficos avanzan a pasos acelerados, con muchos retos en el porvenir. El dividendo demográfico ha comenzado a diluirse porque la tasa de natalidad ha caído en los últimos años, y el número de los “ninis” es un factor a considerar. Incorporarlos a la fuerza laboral es una tarea clave en ese segmento.
Las aptitudes generales son muy importantes para evitar la desaceleración de la productividad. Parte de nuestra ventaja competitiva se basa en la renovación de métodos y el uso de productos de última generación, la automatización del sector agrícola —que merece la mayor atención—, así como la tecnología aplicada al sector salud, por citar dos ejemplos cruciales.
Los trabajadores necesitarán mayor capacitación en la automatización de procesos para los empleos de la era digital. Nuevos retos se plantean para mejorar nuestra competitividad. El Gobierno deberá mejorar el clima de negocios invirtiendo más en investigación y desarrollo, además de mejorar las infraestructuras viales, los puertos y las telecomunicaciones.
Con mayores recursos fiscales producto de la reforma y del incremento de impuestos (derivados de cambios en el gasto tributario) en un 2 % del PIB, se podrá financiar inversiones esenciales y desbloquear proyectos necesarios que impulsen la calidad de vida. No basta con recaudar más dinero: se requerirán políticas e instituciones sólidas para garantizar que el valioso dinero de los contribuyentes se gaste de forma adecuada.
En la medida en que cambien los patrones comerciales con los países con los que mantenemos mayor flujo de exportación e importación, se transformará el panorama competitivo. Tenemos que apoyar el crecimiento de la demanda interna para lograr niveles adecuados de consumo y abarcar más mercados en el comercio exterior para mejorar los ingresos de nuestros productos locales.
Invertir más en la gente requiere políticas renovadas y novedosas, mayor asistencia en la capacitación profesional, elevar el nivel educativo, renovar conocimientos y abrir más el mercado hacia el exterior. Hay que valerse de la creatividad empresarial; afortunadamente contamos con una buena base, y lograr el cambio es una tarea siempre pendiente.
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Tomás Guzmán Hernández
Economista y contador público, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) con maestrías en Administración Pública (PUCMM), Manejo Sostenible del Agua (PUCMM), Contabilidad Tributaria (UASD) y Riesgo de Desastres y Gobernanza del Cambio Climático (Universidad Alfonso X el Sa...