Redes sociales: ¿buenas o malas?
¿Qué tan feliz es una persona? ¿Cómo saber si su felicidad es real o figurativa? Son algunas de las ideas que me he estado preguntando cuando veo a decenas de personas en sus perfiles de Facebook o Instagram desbordantes de felicidad.
Esos portales, estupendas herramientas de comunicación familiar, cultural, educativa y empresarial, para muchos son un sistema primario de relaciones publicas de sus propios self de manera instintiva.
Quienes tenemos algunos conocimientos sobre las bases de las comunicaciones y las relaciones públicas observamos con curiosidad y entusiasmo cómo las personas, aun sin mucha escolaridad, realizan el proceso de auto-proyección de manera natural. Discriminan los malos momentos e imágenes y presentan las que consideran que los proyecta mejor.
El pensamiento humano generalmente se maneja dentro de las premisas: queremos que los demás nos vean hermosos, esbeltos, desarrollados, triunfadores, aun cuando la realidad sea muy distinta. Otro de los elementos que son muy rutinarios ver son los anhelos que tenemos las personas.
Soñamos con una vida suntuosa, entonces cuando visitamos un lugar que luce como nuestros sueños nos hacemos fotos y las subimos a Facebook. Cuando buscamos paz porque estamos enojados también lo reflejamos en Facebook e incluso el enojo como tal. Muchas personas mandan mensajes “camuflados” a sus ex parejas haciéndoles saber que no sirven, que ya tienen otras mejores aunque luego resulten peores.
Mientras para algunos es un desahogo, para otros es una rendija para espiar a sus adversarios. Mujeres que quieren hacerles saber a otras que el hombre es suyo aunque la otra lo tome prestado.