Red Bull Racing entra a 2026 sin Adrian Newey, sin Jonathan Wheatley, sin Christian Horner, sin Helmut Marko, y por primera vez en su historia con una unidad de potencia diseñada y fabricada totalmente en casa.
Si esto fuera una película, sería el momento exacto en que el protagonista mira al abismo y el abismo le devuelve la mirada con una sonrisa incómoda. De dominar la mayor parte de la era del efecto suelo a reinventarse por completo.
Laurent Mekies, el ingeniero francés que pasó de Ferrari a Racing Bulls y ahora lidera Milton Keynes, heredó un imperio en plena transición existencial. La pregunta ya no es si Red Bull puede ganar, sino si puede sobrevivir la tormenta perfecta que tiene tres frentes muy claros.
Un motor fabricado por Red Bull
Red Bull Ford Powertrains es un startup en esteroides intentando competir contra Mercedes, Ferrari y Honda, fabricantes con décadas de experiencia. El mismo Mekies lo admitió: "Sería ingenuo pensar que vamos a aterrizar en el primer lugar de inmediato". El reglamento del 2026 exige una combinación 50-50 entre potencia eléctrica y combustión interna, eliminan el MGU-H y el DRS pero se introduce la aerodinámica activa y dos nuevos modos de uso de la energía eléctrica en carrera.
Ford vio su rol como socio de Red Bull ir un poco más allá de lo planeado, que era en la parte eléctrica como asesor, ahora contribuyendo también al motor de combustión. Pero esto no garantiza nada cuando inicie la temporada en Melbourne. Los rumores del paddock sugieren que Mercedes lleva ventaja, y la FIA ya implementó un sistema de emergencia, el aduo, para ayudar a los fabricantes en desventaja. El simple hecho que exista ese tipo sistema deja claro que no todo anda bien.
Red Bull armó un equipo con ex ingenieros de Honda tras su salida de la categoría en 2021, pero como dijo Mark Rushbrook de Ford: "Hasta que no esté todo junto en una pista real, no habrás visto todo".
Las pruebas en Barcelona serán el momento de la verdad.
El segundo asiento de Red Bull: demoledora de talentos
Isack Hadjar será el cuarto compañero de Max Verstappen en tres años. Cuatro pilotos en treinta y seis meses. Sergio Pérez, Liam Lawson, Yuki Tsunoda, todos probaron suerte junto al neerlandés y todos terminaron fuera del equipo, sólo Pérez supo ser el Robin de Batman pero el mexicano salió de mala manera en 2024. Hadjar llega tras un año de novato sólido en Racing Bulls, pero la historia sugiere que ese segundo asiento tiene un talento innato para destruir carreras.
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El francés de 21 años tiene talento innegable. Su podio en Zandvoort fue una declaración, y probablemente sea el piloto de la academia más rápido desde el propio Verstappen. Pero Racing Bulls a sobrevivir la presión de Milton Keynes, donde cualquier fin de semana sin podio se siente como fracaso será el mayor reto de su joven carrera.
La única ventaja real: el nuevo reglamento representa borrón y cuenta nueva. Ni Max ni Isack tendrá referencias reales del monoplaza. Mekies necesita que Hadjar puntúe consistentemente a lo largo de la temporada, porque ganarle a Max no parece al momento una meta real. Si logra eso, Red Bull habrá resuelto un problema que lleva varias temporadas afectándolo.
Mantener a Verstappen: el reto que define todo
Max tiene contrato hasta 2028, pero los contratos en F1 son sugerencias creativas cuando hay cláusulas de rendimiento. El neerlandés perdió 2025 por apenas dos puntos contra Lando Norris, remontando 104 puntos en una segunda mitad épica. Demostró que es libra por libra el mejor piloto del mundo. Y los mejores no se quedan en equipos que no dan chances de ser campeón.