Realidades de peloteros
En San Luis muchos fanáticos, con sobradas razones, se oponen a que los Cardenales honren al dominicano Oscar Taveras con un parche en el uniforme.
Muchos de ellos llaman al fenecido dominicano como un “asesino” por conducir su automóvil a tan alta velocidad a sabiendas de que estaba ebrio o borracho, haciendo más ácidas sus criticas debido a que estaba acompañado de su novia, quien también falleció en el accidente.
Desde la óptica de una sociedad organizada como la de Estados Unidos es muy fácil hacer este tipo de juicio sobre los peloteros dominicanos, sin embargo, hay otras realidades que se deben tomar en cuenta, claro está, sin perder la vista de las irresponsabilidades con las que estos se manejan.
Hay que tomar en cuenta que los peloteros dominicanos se marchan ahora y no regresan hasta octubre o noviembre. La mayoría de ese tiempo se lo pasan viajando en avión de ciudad en ciudad, mientras acumulan pagos millonarios que no pueden disfrutar.
Cuando llegan a nuestro país quieren lucirse hasta el punto que se desbordan, aprovechando las flexibilidades que les ofrecen las leyes existentes.
Lo primero que hacen es traer unos carros con unos cilindrajes elevadísimos, los cuales no tienen las destrezas para controlarlos, principalmente debido a su falta de experiencia.
Es común que quieran lucir la potencia de esos autos, acelerándolos, sin tomar en cuenta que las calles de nuestro país no están aptas para la velocidad que pueden desarrollar esos máquinas endemoniadas en pocos segundos.
Ese tipo de lujo jamás se lo pueden dar en los Estados Unidos, donde las leyes de tránsito son muy estrictas, además de que no tienen el tiempo para dárselo.
Es muy difícil que este fenómeno pueda ser controlado en nuestro país, así que lo único que nos queda es pedirle a Dios que libre a los peloteros de nuevos accidentes fatales.