En las últimas semanas, República Dominicana ha sido escenario de noticias que invitan al optimismo. La celebración de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe ha colocado al país en el mapa deportivo regional, con atletas que han conquistado medallas de oro, plata y bronce, demostrando disciplina, talento y orgullo nacional.
Cada triunfo es símbolo de entusiasmo colectivo y de la capacidad de proyectar al país con dignidad en cualquier escenario, nacional o internacional, lo que, sumado al éxito indiscutible de la industria turística y a la estabilidad macroeconómica, constituyen buenos apalancamientos para el crecimiento.
A la par, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha reconocido al país por sus avances hacia la meta de “hambre cero”, un logro que refleja políticas públicas orientadas a garantizar seguridad alimentaria y mejorar la calidad de vida de miles de familias.
Este reconocimiento internacional coloca a República Dominicana en un ranking que mide compromiso y resultados concretos frente a uno de los problemas más urgentes de la humanidad, como lo es el hambre.
Otro hito relevante es la Consulta Nacional por el Futuro de la Educación, un proceso participativo en el que miles de ciudadanos aportaron ideas, propuestas y sueños para alcanzar la calidad educativa que el país necesita.
La educación, como motor de productividad y competitividad, se convierte en el eje de un proyecto nacional que busca consolidar un desarrollo sostenible y justo.
La amplitud de la consulta demuestra que la sociedad dominicana está consciente de que el futuro se construye desde las aulas, con maestros preparados, estudiantes motivados, políticas coherentes y metodologías innovadoras.
En la consulta, coordinada por los Ministerios de Educación (Minerd), de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) y de Administración Pública (MAP), así como el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) hubo una participación sinigual.
Representantes de universidades, colegios privados, sindicatos, organizaciones sociales, iglesias y de la diáspora dominicana; al igual que miles de ciudadanos: docentes, estudiantes, familias, empresarios, trabajadores, académicos y líderes comunitarios expusieron sus opiniones, tan aquilatadas y valientes como las de otros sectores productivos, sociales y culturales y las de expertos nacionales e internacionales.
La consulta nacional fue un ejercicio de participación masiva y diversa, con miles de personas, decenas de instituciones y múltiples encuentros regionales, sectoriales e internacionales, que genera satisfacción y representa un esfuerzo histórico por construir una visión compartida de la educación dominicana hacia el 2036.
Estos logros, deportivos, sociales, económicos y educativos, configuran un panorama alentador, porque son señales de que, pese a las dificultades, el país avanza en áreas clave que fortalecen su imagen y su capacidad de generar bienestar.
Sin embargo, sería ingenuo pensar que todo es positivo y obviar que la otra cara de la moneda sigue presente y se manifiesta, desgraciadamente, en actos violentos, muertes injustas y tragedias que golpean a familias y comunidades, lo que refleja que la paz y la seguridad siguen como metas pendientes.
Este contraste obliga a la sociedad, al Estado y a sus gobernantes a no dormirse en los laureles, porque si bien es cierto que los logros deben ser celebrados, también deben servir como impulso para enfrentar los problemas que empañan la reputación del país y afectan la vida cotidiana de los ciudadanos.
La educación de calidad puede ser la herramienta más poderosa para romper ciclos de violencia y desigualdad. El deporte, más allá de las emocionantes medallas, es un espacio de integración social y formación en valores.