Razón y juventud
El pasado viernes tuve el gran privilegio de ser jurado en una competencia entre estudiantes de los cursos introductorios de filosofía en mi universidad, la PUCMM, de Santiago.
Diversos conjuntos de tres estudiantes cada uno, bajo estrictas reglas de tiempo y forma de argumentación, debatieron temas diferentes, demostrando su capacidad de exponer sus ideas con racionalidad y claridad, escuchar los argumentos del otro y sobre todo respetarse mutuamente al disentir.
Si estos jóvenes son una muestra de lo que estamos formando en nuestras universidades, el futuro de nuestro país será mejor que el presente.
La construcción de una sociedad moderna, desarrollada materialmente, socialmente incluyente, promotora del bienestar de todos los que habitan en su territorio, democrática hasta su médula y solidaria con los pueblos hermanos, pasa por el cultivo de la razón, la tolerancia y el diálogo.
No somos un país pobre porque carezcamos de recursos naturales, ni por que nos falte hombres y mujeres inteligentes y trabajadores.
Nuestro atraso se incuba en patrones culturales pre-modernos y la ambición desmedida de una buena parte de nuestra clase dirigente.
Los mitos que heredamos del trujillismo y la rapacidad de actores económicos y políticos importantes retiene a gran parte de nuestro pueblo en el oscurantismo y la miseria.
Por vocación creo en las posibilidades de cambio social a partir de la formación de los jóvenes, si no estuviera convencido de eso no sería maestro.
Debemos educar a nuestros jóvenes en el diálogo, la tolerancia y la razón, al servicio del prójimo.
