Domingo, 15 de septiembre, 2019 | 3:01 pm

“Que se negaran a fiarme un yaniqueque me hizo convertir en lo que soy”

Decisión. Emprendedor se resistió a soportar la embestida de las debilidades del sistema. Éxito. Perseverar le ha mantenido.

Jorge Ramirez
Jorge Ramirez


SANTO DOMINGO.-Al palpar su estómago y revisar sus bolsillos se dio cuenta de dos cosas: no tenía dinero y sí mucha hambre. Una venta de empanadas quedaba a pocos metros, allí acudió; pidió un crédito, le fue negado.

La experiencia fue como despertador del sueño de la improductividad, y hoy, 33 años después, le mantiene alerta.
Se llama Jorge Ramírez, aunque sus amigos le dicen Dilson la Salsa.

Es oriundo del barrio 24 de Abril en Santo Domingo, primer hijo de un listado de siete, su padre era chofer y su madre emigrante, no de los que logran adquirir una residencia o permiso de trabajo en su país y luego se trasladan, sino del grupo de miles de dominicanos que optaron por cruzar en yola el Canal de la Mona.

Esto ocurrió cuando Jorge tenía diez años, sin habérselo propuesto, se convirtió en tutor de sus hermanos menores y se vio compelido a trabajar.

“Cerca de casa había un taller de producción de calzados, mis amigos de infancia y yo decidimos aprender el oficio, pero del grupo solo yo persistí”, comenta Ramírez.

El proceso de aprendizaje duró siete años. Pasó de aprendiz a ayudante y luego a maestro y aunque esta condición pudo anticiparle el futuro que le esperaba, decidió abandonar y probar suerte con el baile.

“Era joven, todavía no tenía definido lo que quería para mí. A mis 17 años me dediqué a bailar salsa para algunos grupos populares, me divertía muchísimo, era lo mío, pero no me dejaba dinero y fue en esa condición que una mañana de esas el vendedor de empanadas, contrario a la costumbre, se negó a fiarme un relleno”, explica Jorge.
La negativa, como ya hemos dicho, fue el detonante.

Retornó a la confección de calzados, y mientras trabajaba como empleado se le ocurrió que podía capitalizar el dinero que ganaba para hacer algunos pares y venderlos por su cuenta.

El proceso

“Me trasladé a La Pulga (un mercado de artículos de bajo costo), en ese momento la realizaban en el sector La Feria, solo con un par… lo vendí y regresé al domingo siguiente con dos pares, así inicié”.

La cantidad fue incrementándose exponencialmente. Cuatro pares, ocho, doce.

No fue fácil, la confección manual del zapato masculino, un trabajo que para entonces requería la participación de por lo menos tres personas, era realizado exclusivamente por Jorge, ya que no tenía para empleados. Esto provocó que un vendedor contiguo se impusiera en las ventas.

Una vez que al citado se le acababan sus artículos, llegaba el tiempo de Jorge. “Sus zapatos eran de mejor calidad, él era parte de un grupo, yo estaba solo. Por lo que, mientras le quedaba un solo zapato yo no vendía nada”, narra Dilson.

Poco tiempo después, y con la ayuda de sus hermanos quienes fueron sus primeros ayudantes, empezó a vender a los buhoneros de la zona comercial de la avenida Duarte, pero al negocio le faltaba estabilidad.

“El Ayuntamiento recorría con frecuencia la zona. Desalojaba a los vendedores y les incautaba la mercancía; mercancía que había sido cedida en calidad de crédito. Perdí dinero”, dijo. Esta situación le permitió expandir su mentalidad comercial y aventurarse a vender en las tiendas del lugar.

Sobre Jorge

No tiene estudios formales, pero es lo suficientemente sabio para saber cuándo necesita pedir ayuda y orientación.
No cejó en su empeño de crecimiento comercial y decidió contratar especialistas que le ayudaron con los temas que tienden a derrumbar al joven emprendedor: manejo de finanzas e impuestos.

No participó de talleres motivacionales y de superación personal.

Aprendió por cuenta propia que las adversidades son el empujón imprescindible para el desarrollo.
“Cada vez que me sucede algo negativo busco la forma de superarlo, actualizarme, sacarle provecho”, afirma.
No aparenta humildad, al parecer “vino con ella de caja”.

En sus propias palabras declara estar accesible para las personas de su comunidad y siempre que las condiciones se lo permiten les ayuda. Uno de esos chicos fue el artista urbano el Mayor Clásico.

“La gente cree que yo patrociné al Mayor, pero eso no es cierto, simplemente colaboré con él desinteresadamente en sus inicios y él por agradecimiento empezó a mencionarme en sus temas.

“No lo busqué, pero esas menciones potencializaron mi negocio hace ya ocho años y hoy la marca Violi Salvatori goza de un buen reconocimiento”.

La actualidad

El par de zapatos que producía semanalmente se ha convertido en 700 al día, 120 mil al año y poco más de 60 empleados trabajando solo para su marca principal.

“Después que empecé a facturar volví donde el vendedor de empanadas y le agradecí el habérmela negado, lo hice de corazón, eso me convirtió en lo que soy hoy”.

Su filosofía de vida es simple: perseverar ya que siempre habrá piedras en el camino que superar.

Jorge se ha convertido en un referente para su familia. A pesar de no haber sido modelado, confiesa que se aconsejó sobre las decisiones que debía tomar en la vida.

“En mis años de juventud recibí muchas insinuaciones a desviarme del buen camino, pero decidí centrarme en mejorar las condiciones de vida de mi familia”, declaró.

Productos

Confecciones artesanales con gran demanda
— Especialización
La variedad de sus artículos le ha posicionado entre el público.

Perfil

Nombre:Jorge Ramírez.
Alias: Dilson la Salsa
Edad:51 años
Ocupación: Empresario de calzados.
Breve biografía
Propietario de la marca de calzados Violi Salvatory, produce además pantalones y correas para hombres.