Proyectos comunes o etiquetas

Nassef Perdomo Cordero
Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Las redes sociales han exacerbado un problema que, para ser honestos, les precede: nuestro interés en ganar discusiones en lugar de aprender del debate.

El algoritmo premia la inmediatez, y lo acerbo, mientras que sanciona la reflexión, la apertura y el reconocimiento de los límites propios. Con ello, nos va condicionando a los usuarios a ser crueles, torpes, intolerantes, sectarios y fanáticos. Sostengo que el problema no lo han creado ellas, porque, en realidad, lo que hace es que fertiliza y hace germinar instintos que forman parte de nosotros sin que ellas tengan que intervenir.

Lo que sí han logrado, es encauzar el debate público por vías que conducen a la atomización de la sociedad. La agilidad y brevedad de las redes les han permitido a estas pretenderse alternativa de los medios de comunicación tradicionales, que, a su vez, se han visto en la necesidad algunas de sus formas… y de sus defectos.

El resultado es que vivimos en una sociedad en la cual es cada vez más difícil debatir sin que el resultado sea una batalla campal. El argumento de que todos estamos en trincheras como justificación de la falta propia se ha convertido en la orden del día y dificulta lo que Carlos Santiago Nino llamaba la función epistémica del debate público.

Ya no nos interesa escuchar para entender al otro, sino ganar a cualquier precio. Y esto es una gran pérdida porque yo, que soy liberal, he aprendido mucho escuchando a personas conservadoras. No es que tenga que estar de acuerdo con ellos, pero su visión de las cosas enriquece la mía, aunque sean disímiles.

Igualmente, cuando miramos más allá de las etiquetas, nos damos cuenta de que tenemos más cosas en común de lo que pensamos. Desde mi ateísmo digo que he tenido pocas conversaciones más gratificantes que las sostenidas con amigos muy religiosos. Y no hay que recalcar que todas las diferencias del mundo desaparecen cuando dos personas que aman sus hijos hablan sobre la experiencia de la paternidad.

La condición humana es la misma en todos. Nuestros distintos enfoques no deben llevarnos a pretender que somos enemigos. Sobre todo, cuando vivimos en una sociedad democrática y tenemos el deber de construir un espacio en el cual quepamos todos. Nuestro proyecto común es más importante que las etiquetas.