Productividad, estabilidad y respuesta ante choques externos
Desde hace varias semanas, el Gobierno ha abierto conversaciones con sectores económicos, sociales y empresariales para discutir los retos que podrían marcar los próximos meses.
No es una señal menor. El contexto internacional se ha deteriorado y sus efectos ya comienzan a sentirse en economías como la nuestra, altamente dependientes de importaciones, combustibles y cadenas logísticas externas.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán no debe analizarse como un conflicto lejano. Sus consecuencias pueden trasladarse con rapidez a la vida cotidiana de los dominicanos. Los principales canales de impacto son alimentos, combustibles, transporte y electricidad. En otras palabras, los pilares más sensibles del presupuesto de los hogares y del funcionamiento productivo del país.
El aumento en el precio de los alimentos es, probablemente, una de las amenazas más delicadas. Para los hogares de menores ingresos, la comida ocupa una proporción mucho mayor del gasto mensual. Por eso, cualquier presión sobre los precios golpea con más fuerza a quienes tienen menos margen para absorberla. Si a eso se suma el encarecimiento del transporte y de los combustibles a nivel internacional, también suben los costos de importación y de producción local, lo que termina trasladándose al consumidor final.

Algo similar ocurre con los combustibles y el transporte. No se trata únicamente de movilidad; se trata de productividad.
A esto se suma el frente eléctrico. Aunque la generación presenta señales más favorables que en otras etapas, la realidad de las EDEs continúa siendo crítica, con pérdidas que rondan el 40 %. Ese desequilibrio limita la capacidad del sistema para sostener un servicio eficiente, estable y financieramente viable.
Productividad
En momentos de presión externa, la estabilidad no se defiende únicamente con subsidios coyunturales o medidas de alivio temporal. Se defiende fortaleciendo la capacidad del país para producir más, distribuir mejor y operar con mayor eficiencia.
Primera prioridad es la producción agropecuaria
Se podría reducir al mínimo posible los aranceles de los alimentos de mayor consumo para amortiguar el impacto de los precios sobre la población. Pero esa acción, por sí sola, no basta. Debe venir acompañada de una estrategia seria para elevar la productividad del campo.
No se trata de colocar más recursos de manera indiscriminada, sino de garantizar que, desde el Banco Agrícola y las instituciones vinculadas al sector, el financiamiento llegue realmente a la producción. Si el país quiere protegerse mejor frente a choques externos, necesita un campo más fuerte, más moderno y más productivo.
Segunda prioridad: combustibles y transporte
República Dominicana no es productora de petróleo y depende del exterior. Eso nos coloca en una posición vulnerable y obliga a actuar con realismo. En este frente, la diplomacia económica debe jugar un papel más activo, procurando condiciones de apoyo y cooperación que ayuden al país a reducir parte de la presión derivada del entorno internacional.
Pero también hay que mirar hacia dentro. REFIDOMSA debe ser entendida como una palanca estratégica dentro de este contexto. Fortalecer su capacidad operativa, mejorar sus condiciones de funcionamiento y aprovecharla mejor como instrumento nacional.
Tercera prioridad: regularizar el sistema eléctrico
El problema eléctrico dominicano no puede seguir abordándose únicamente desde el discurso. Hace falta una intervención más precisa y más firme. Primero, se debe identificar con claridad dónde se originan las pérdidas y atacar ese frente.
Sin embargo, regularizar no puede significar simplemente cobrar más. La población también necesita percibir que existe una relación razonable entre lo que paga y la calidad del servicio que recibe.
Cuarta prioridad: destrabar
la construcción
Pocas actividades tienen un efecto multiplicador tan amplio sobre la economía dominicana como la construcción. Moviliza empleo, demanda insumos, activa servicios y conecta una amplia red de actividades productivas. Por eso, reactivar este sector puede convertirse en un mecanismo importante para sostener dinamismo económico en un momento de incertidumbre.
Ahora bien, reactivar no significa eliminar controles ni flexibilizar irresponsablemente las reglas. De lo que se trata es quitar trabas en la permisología.
Una respuesta de país
El momento exige dirección, coordinación y sentido de propósito. El Gobierno tendrá que asumir costos políticos. El sector privado tendrá que contribuir con visión de largo plazo. Y la sociedad tendrá que entender que la estabilidad también requiere sacrificios y responsabilidad compartida.
Lo importante es que esos sacrificios no sean estériles, sino parte de una estrategia nacional orientada a fortalecer la productividad, proteger a los más vulnerables y aumentar la capacidad del país para resistir choques futuros.
La República Dominicana necesita prepararse, no reaccionar tarde. Y para hacerlo bien, debe concentrarse en lo esencial: producir más, gestionar mejor y corregir las ineficiencias que desde hace años limitan su potencial.
