Por Ramón Almánzar

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Cubro con los crespones del luto y el dolor esta columna, para dejar constancia de mi pena y mi aflicción por la repentina muerte del compañero Ramón Almánzar.

Esa pena se torna más profunda porque Ramón se va cuando están haciendo tanta falta los hombres de sus condiciones. Se dio a conocer primero como un promotor de las luchas que los pobres y maltratados de este pueblo debieron librar, aún al precio de numerosos muertos, contra las drásticas medidas que diversos gobiernos le impusieron al país bajo las directrices inhumanas del capital financiero internacional.

Echó su suerte junto a su pueblo y desde ahí se destacó como político e incluso como aspirante a la presidencia de la República por una alianza de organizaciones progresistas.

Prosiguió su afán sin desviarse de su línea, apegado a la militancia de su partido y dedicado a los estudios de una segunda profesión, la de abogado, desde la cual actuó con la verticalidad, el valor, la solidaridad, la honradez y la modestia que lo distinguieron siempre.

Ramón Almánzar fue un inclaudicable combatiente de las mejores causas, que no supo resignarse ni rendirse aún en estos tiempos de tantas inconsecuencias y claudicaciones.

Fue, a la vez, vivo ejemplo de superación, de lo cual da mejor prueba su dedicación al estudio y al trabajo. Y de su calidad como ser humano, lo mismo que de su condición de padre, habla mejor que cualquier otra cosa la ejemplar familia que junto a su esposa Mari Cantizano le aportó a la sociedad.

Esta muerte sorpresiva me conmueve, del mismo modo que ha estremecido al país, especialmente a sus parientes, amigos y compañeros. Estremece mi casa, empezando por mi esposa Dulce.

La verdad es que no contaba con tener que cumplir con el amargo deber de decirle adiós para siempre a un amigo y compañero en la plenitud de su vida y sus capacidades. Ante el hecho cumplido, no puedo menos que reiterar en estas líneas la sensación de duelo que me embarga.

Dejo ese testimonio a los pies de Mari y los hijos de ambos, a la presencia de los hombres y mujeres del Partido Nueva Alternativa.

El golpe inexorable y traicionero de la muerte, al cual todos estamos llamados a sucumbir, se ha llevado a Ramón Almánzar y ante lo inevitable nos toca mantenerlo siempre presente en el sentimiento y el recuerdo.