¿Por qué colapsó Adriano?

Ricardo Vega
Ricardo Vega

Cada causa implica un efecto. En política no existen las casualidades. Y por más que pueda parecer obra del destino, la derrota del congresista dominicano Adriano Espaillat en las primarias demócratas (49.4% a 45.9%), frente a Darializa Ávila Chevalier, el 23 de junio pasado, no es fruto del azar.

La política tiene una realidad inevitable: el desgaste que produce el paso de los años. Con casi una década en Washington y más de treinta en la política electoral, Espaillat proyectó la imagen cuyo electorado del Distrito 13 percibió pasiva, no contagiosa; de oficina. Algunos líderes consideraban que ya no escuchaba con la misma frecuencia a las organizaciones locales.

Otros factores, principalmente el respaldo de la maquinaria del alcalde de Nueva York Zohran Mamdani a la vencedora, fue determinante.

La guerra Israel-Hamás también tuvo su impacto. Al igual que en otras primarias del estado, el Distrito 13 se convirtió en un escenario de disputa sobre el conflicto en Gaza, donde Espaillat chocó con la postura abiertamente pro-palestina de Avila Chevalier, quien convirtió esas diferencias en principales temas de campaña, respaldada por organizaciones progresistas y por activistas que participaron en las protestas universitarias.

Logró movilizar a miles de votantes jóvenes que consideraban insuficiente la posición del congresista sobre dichos conflictos.

La radio de opinión y los espacios en español, voces críticas e independientes de mucho arraigo, desmitificaron de forma constante la invencibilidad de un aspirante confiado en el marketing político tradicional.

La viralización digital del mensaje de cambio de Chevalier saturó los teléfonos.

En el último tramo de la contienda se produjeron ataques sobre su carácter e identidad que, lejos de debilitarla, generaron rechazo entre los votantes moderados e indecisos.

La llegada de nuevos residentes jóvenes, profesionales de clase media y sectores desencantados al Alto Manhattan y El Bronx, diluyó el peso de los tradicionales.

En resumidas cuentas, quizás la explicación más importante sea simplemente generacional.

No obstante, la caída del primer congresista dominicano en la historia de Estados Unidos, primer exinmigrante indocumentado en llegar al Congreso y, más recientemente, presidente del Caucus Hispano, demuestra que en el New York de hoy, la lealtad a las estructuras tradicionales ya no basta cuando se pierde el pulso de la calle; el contacto directo y permanente con las comunidades.

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Ricardo Vega