¡Por Dios, paremos esto ya!

¡Por Dios, paremos esto ya!

¡Por Dios, paremos esto ya!

Patricia Arache.

En agosto del pasado año 2023, el propio presidente de la República, Luis Rodolfo Abinader Corona, reveló un dato escalofriante y aterrador: el 68.7% de los accidentes de tránsito en República Dominicana se producen en motocicletas.

Corre, raudo y veloz, el año 2024 y las estadísticas sobre accidentes de tránsito, particularmente con motocicletas, siguen siendo tétricas, dramáticas.

Hasta enero pasado, el parque vehicular dominicano ascendió a 5,838,510 unidades, de las cuales, el 56.5%; o sea, 3,298 mil 697 eran motocicletas y los volúmenes mayores siguientes, correspondieron a automóviles privados, con 1, 095,155; yipetas con 683, 266, y de cargas, 523,014 unidades.

Otros 234, 686 vehículos estaban repartidos hasta enero entre autobuses privados, volteos, máquinas pesadas, remolques, automóviles públicos, urbanos e interurbanos y turísticos, autobuses públicos, urbano e interurbano; ambulancias y carros fúnebres.

Como es visible, se trata de un inmenso parque vehicular para un país que comenzó a abrirse, apenas, con el inicio del nuevo siglo XXI, en el año 2000, por cuánto muchas de sus avenidas, calles, carreteras y caminos todavía siguen, como cuando fueron concebidos para caballos, bicicletas y carretas.

El detalle que antecede junto al ímpetu, la prisa, el irrespeto a las directrices y a las autoridades y el “na ´ e´ na´”, con los que actúan algunos ciudadanos, se convierte en una bomba de tiempo que continuamente explota en calles y carreteras para que República Dominicana ocupe el nada envidioso primer lugar en el ranking de los países con la mayor tasa de muertes por accidentes de tránsito.

Según la entidad World of Statistics, Estadísticas mundiales, el territorio nacional ocupa el puesto número uno en el ranking con un total de 65 muertes en accidentes de tránsito por cada 100,000 habitantes, lo que significa que unas 45 se producen en motocicletas, lo que supera el total de las que se producen en la República de Zimbabwe, con 41; Venezuela, con 39; Arabia Saudita, con 36; y Tailandia con 32 muertes por cada 100,000 habitantes, respectivamente.

Si esto no es un récord, es un gran average, o sea, un gran promedio, en el lenguaje beisbolero.

Por eso, hay preocupación en distintos sectores y da la impresión de que también entre quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones que puedan ir dando al traste con la terrible situación en la que se ha convertido el caos del tránsito y con él los accidentes viales. ¡Pero, vaya!

Existen estudios de instituciones vinculadas al tránsito y al transporte del país, así como de otras que velan por la calidad de vida de la gente, tanto nacionales como internacionales, que han puesto de manifiesto las principales causas que estarían provocando los accidentes de tránsito en el país.

La pregunta surge una y otra vez: ¿Por qué no se ha hecho algo desde las instancias oficiales para enfrentar un tema que, además, de provocar un mayor número de muertes que otras muchas causas, también genera irritabilidad, sofoque, malhumor, incomodidad, y malestar, en sentido general, porque no fluye, no importa la hora de la que se trate?

Pronto dará inicio un nuevo cuatrienio de gobierno, el que iniciará el 16 de agosto próximo, y que, a juzgar por el panorama y múltiples indicadores, recaerá nuevamente en el hoy presidente de la República, Luis Abinader y su repitente compañera de boleta, actual vicepresidenta de la República, Raquel Peña.

Ambos ya estarán más “ranqueados” en el arte de gobernar el país y, obviamente, que deberán enfocar temas sociales para los que en el primer ejercicio no han tenido tiempo suficiente, a pesar de su relevancia, entre ellos, el transporte y el tránsito, con sus causas, secuelas y consecuencias, de manera que comencemos a ponerle fin a esta crisis, ya. ¡De una vez y por todas!



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