¡Por Dios, dialoguen ya!
La denuncia de persecución por la que supuestamente atraviesa el Maestro Internacional de Ajedrez Ramón Mateo, parece sacada de un filme de suspenso de Alfred Hitchcok.
Lo llamativo y curioso del caso es que el deportista culpa de todos sus males, al actual presidente de la Federación de Ajedrez, Pedro Domínguez Brito, quien por la posición que ocupa debe ser el protector de hombres y mujeres que, como Mateo, han sobresalido en esa disciplina, tanto aquí como en el exterior.
No voy a desmentir a Mateo, pero Domínguez Brito no parece ser una persona capaz de perseguir con crueldad y saña.
Sería interesante que las partes en conflicto se reúnan para subsanar lo que puede ser un muy mal entendido.
Mateo merece todo el respeto y reconocimiento del país, que espera la reacción de Domínguez Brito ante esas graves acusaciones, que amenazan la subsistencia de él y su familia.
Es hora de que en el deporte dominicano se armonice, porque no se puede vivir en una “guerra” permanente.
Estoy seguro que esto es un mal entendido, y que una reunión daría al traste con ese tipo de inconvenientes.