Perú: el equilibrio de la inestabilidad

El periodista Ricardo Vega
Ricardo Vega

La impresión que genera el Perú de los últimos diez años es tan demoledora como la propia inestabilidad en que los presidentes parecen subir tan solo para bajar.

Desde el final de la era Fujimori (2000), los gobernantes llevan el sello de no durable. Al menos los periodos tradicionalmente aceptados en las repúblicas bananeras del continente.

Liderazgos personalistas, coaliciones disolubles, congreso fragmentado y movimientos coyunturales surgen y desaparecen corroídos por la traza del decadente sistema de partidos. Surgen y desaparecen en un cerrar y abrir de ojos.

Las escasas ocasiones en que el Congreso se muestra unido se dan para votar el cese de los presidentes. Incluso, así lo establece la Constitución: al jefe de Estado se le puede retirar del cargo por “incapacidad moral permanente”.

La polarización estratégica se ha convertido en el camino preferido por los políticos para conservarse vigentes, donde la corrupción no es el mal mayor, sino apenas un síntoma de la crisis.

La erosión democrática que está viviendo Perú normaliza lo excepcional. Situación que podría perpetuarse llevándolo al inmovilismo o, si la crisis política se extiende a lo económico, a la ruptura democrática. Algo que estuvo a punto de ocurrir con el autogolpe que promovió el hoy preso Pedro Castillo.

Esta vez el protagonista es José Jerí, quien tras permanecer poco más de cuatro meses en el cargo fue finalmente destituido por el Congreso.

Con esta salida, el Perú se encamina a tener su octavo presidente en apenas diez años. Ahora, el Congreso designó como mandatario interino a José María Balcázar, quien gobernará hasta el 28 de julio, cuando ha de asumir un nuevo jefe o jefa de Estado tras unas elecciones previstas para dentro de menos de dos meses.

Entre los competidores aparecen María del Carmen Alva, de Acción Popular; Héctor Acuña, del partido Honor y Democracia; Edgar Reymundo, del Bloque Democrático Popular; y José Balcázar, de Perú Libre. Pero como ninguna candidatura tiene los 66 votos necesarios para imponerse por sí sola, se abre un intenso periodo de negociaciones dentro del Parlamento.

El último presidente en completar el mandato constitucional de cinco años fue Ollanta Humala. Desde entonces, solo Francisco Sagasti logró cerrar un periodo dentro de un gobierno de transición. El resto de los mandatarios renunció, fue destituido o censurado.

De hecho, el 80% de los presidentes elegidos por voto popular desde la vuelta a la democracia en 1980 ha enfrentado investigaciones por corrupción o violaciones a los derechos humanos. Algunos terminaron en prisión, otros bajo arresto domiciliario, y uno de los casos más impactantes fue el de Alan García, quien se suicidó cuando la policía llegaba a detenerlo en medio de un escándalo de corrupción.

No obstante, a pesar de su permanente turbulencia, Perú mantiene una de las inflaciones más bajas de la región:1,7% anual en el 2025.

A eso se suma una moneda, el sol, relativamente estable y fuerte. Un modelo de “cuerdas separadas”, donde la política vive en crisis mientras la gestión económica se mantiene protegida de esos sobresaltos. Cimientos económicos de hierro con techo político de cristal.

La creciente crisis de seguridad amenaza con tensionar el modelo que ha permitido separar la economía de la política. ¿Y si ese pilar también se debilita?

¿Cuánto más podrá resistir este paradigmático sistema permanentemente al borde de su propia inestabilidad?