Perseverancia es la clave
Establecer metas puede resultar fácil cuando te sientas a pensar en lo que quieres a corto, mediano y largo plazo.
La tarea de escribirlo podría ser un poco más pesada para muchos, pero lo realmente difícil es trabajar día a día por lograr los objetivos propuestos.
Del pensamiento a la acción hay unos cuantos metros de distancia, que pueden ser muchos o pocos dependiendo de lo deseado. Sin embargo, debemos estar más que claros en entender que no hay nada que no podamos lograr si ponemos tiempo, dedicación, trabajo y, más que nada, constancia.
Sin importar las veces en que no veamos la luz al final del camino, la oscuridad nos abrume y el sentimiento de caminar en círculos nos asalte, es fundamental convertir la “perseverancia” en nuestro mejor y más cercano amigo y colaborador. Nada se logra sin ella.
Nada que sea permanente y nos haga sentir orgullosos es posible sin que vivamos, día a día, con ella a nuestro lado.
Confieso que he tenido días de luz y oscuridad, me he caído mil veces y mil veces me he levantado y seguiré levantándome por muchas razones… por mi, mis hijos y mi familia, en la gracia de Dios, porque él es mi mayor fortaleza y puede ser la de todos nosotros si decidimos dejarlo entrar y habitar entre nosotros.
Desde hace unos años he asumido el hábito de establecer mis metas para cada año… y, desde que esta práctica se vuelve costumbre en mi, puedo dar testimonio que todo lo que nos proponemos puede ser una realidad si así lo queremos y si trabajamos por ello. No te limites y corre hacia tus metas.
En mi carrera están “constancia” y “perseverancia” dibujadas en la pista.
