Pegaremos el grito al cielo
Los técnicos de béisbol en Puerto Rico pegaron el grito al cielo al ver que ningún nativo de ese país era opción para la primera ronda del sorteo de jugadores universitarios y colegiales que iniciaron ayer los equipos de las Grandes Ligas.
En ese mismo espejo debemos empezar a vernos nosotros, cuando en dos años Rob Manfred y los demás jerarcas de la oficina del comisionado de Grandes Ligas impongan el draft internacional, que de seguro reducirá enormemente los grandes bonos que reciben en la actualidad nuestros prospectos, porque al igual que los boricuas estos no tienen las condiciones para competir con los universitarios y colegiales estadounidenses.
En materia de béisbol en el país seguimos dormidos y es como si a nadie le interesara, ya que nos dejamos llevar de la cortina de humo que representan los estelares que accionan en las Grandes Ligas, quienes con sus grandes actuaciones hacen que todo luzca como que vamos muy bien, cuando la realidad es otra.
Poco a poco el béisbol pasó de cumplir una excelente labor social a ser un negocio muy lucrativo, que atrajo a muchas personas ajenas a esa actividad a quienes les importa hacer lo que sea, hasta poner la vida de menores de edad en riesgo, para conseguir un gran bono.
Es penoso ver como muchas ligas deportivas que servían para formar a los jóvenes prospectos desvirtuaron su esencia y hoy en día son desenfrenados comerciantes.
En la mayoría de ligas se negocia todo, desde los uniformes hasta los viajes al interior y exterior del país, los cuales son súper sobre valorados.
Si usted tiene un niño, aunque pague su inscripción, mensualidad, uniformes y demás accesorios, si no le paga por la izquierda al entrenador, dizque a escondida del dueño de la liga, su hijo no avanza, debido a que si no cumple con el pago de este último ni caso le hacen a su niño. Una corrupción total.
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