Cada año, millones de conductores estadounidenses se aglomeran en las estaciones de inspección estatal para asegurarse de que sus vehículos no estén violando los límites de polución.
O al menos eso es lo que creen que están haciendo. Como demuestra el escándalo por el fraude de pruebas de emisiones que implica a Volkswagen AG, tal vez las pruebas no sean tan buenas como las pintan.
“El escándalo de Volkswagen subraya algunos defectos enormes en los sistemas de pruebas de emisiones que tenemos en el mundo real”, dijo Frank O’Donnell, presidente de Clean Air Watch, una organización sin fines de lucro con sede en Washington.
“Desde la década del noventa, las pruebas de inspección vehicular vienen siendo bastante endebles”.
Aunque la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) certifica cada modelo de vehículo antes de que se pueda vender en el país, asegurarse de que cada auto y camión en las calles respete los estándares queda a cuenta de los estados.
Pero la mayoría de ellos ni siquiera se molesta en los modelos diésel.