El uso de vinagre y sal para el cuidado de los pies se ha popularizado como un remedio casero sencillo y económico. En foros y consultas podológicas se menciona con frecuencia como una opción para mejorar la higiene, aliviar molestias leves y prevenir infecciones superficiales.
Diversas publicaciones divulgativas, como Medical News Today o Cleveland Clinic, han analizado sus posibles beneficios, aunque coinciden en que debe aplicarse con moderación y no sustituye tratamientos médicos cuando existe una patología confirmada.
Qué beneficios puede aportar
El vinagre contiene ácido acético, un compuesto con propiedades antimicrobianas. Según revisiones recogidas por Medical News Today, este componente puede ayudar a reducir la presencia de bacterias y algunos hongos en la superficie de la piel.

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La sal gruesa, por su parte, contribuye a la limpieza mecánica y favorece la eliminación de residuos, ayudando a suavizar la piel. Especialistas citados por Healthline señalan que este tipo de baño puede contribuir a reducir el mal olor, ya que dificulta el crecimiento de bacterias responsables del mismo.
Además, el vinagre puede colaborar en el equilibrio del pH cutáneo, algo especialmente útil en personas con sudoración excesiva o que pasan muchas horas con calzado cerrado.
La Cleveland Clinic indica que estos baños también pueden aliviar molestias leves como picor o sensación de ardor, y mejorar el aspecto general de la piel y las uñas cuando se incorporan de forma ocasional a la rutina semanal.
Un estudio que revisó la literatura científica sobre el uso del vinagre frente a infecciones fúngicas concluyó que el ácido acético puede frenar el crecimiento de algunos hongos comunes en la piel. No obstante, los propios autores subrayaron que la evidencia sigue siendo limitada y que no reemplaza los tratamientos antifúngicos convencionales.
La American Podiatric Medical Association (APMA) insiste en que la higiene diaria, el secado minucioso y la consulta con un especialista ante cambios de color, textura o sensibilidad son fundamentales. El baño con vinagre y sal puede ser un complemento puntual, pero nunca un sustituto de la atención profesional.
Cómo preparar el baño de pies

El procedimiento es sencillo:
Colocar aproximadamente un litro de agua tibia en un recipiente amplio.
Añadir media taza de vinagre blanco o de manzana.
Incorporar dos cucharadas de sal gruesa y remover hasta su completa disolución.
Sumergir los pies entre 15 y 20 minutos.
Al finalizar, se recomienda enjuagar con agua limpia y secar cuidadosamente, especialmente entre los dedos, para evitar la acumulación de humedad. Aplicar una crema hidratante neutra o con urea puede ayudar a mantener la barrera cutánea.
La frecuencia aconsejada es de una a dos veces por semana. El uso diario no se recomienda, ya que la exposición repetida a soluciones ácidas podría provocar sequedad o irritación, especialmente en pieles sensibles.
Quiénes deberían evitarlo
No todas las personas deberían recurrir a este remedio casero. La Cleveland Clinic advierte que quienes tengan heridas abiertas, grietas profundas, diabetes, neuropatía periférica o piel extremadamente sensible deben evitar este método o consultar previamente con un profesional sanitario.
En el caso de la diabetes, el riesgo de infecciones y la dificultad de cicatrización hacen imprescindible extremar la precaución.
Asimismo, si aparecen enrojecimiento, dolor, ardor persistente o cualquier reacción adversa, se debe suspender el uso. Los especialistas aconsejan probar primero la solución en una pequeña zona de la piel antes de sumergir ambos pies.
En definitiva, el baño de pies con vinagre y sal puede formar parte de una rutina de autocuidado en personas sanas, siempre que se utilice de manera responsable y sin sustituir la valoración profesional ante cualquier problema persistente.