Aunque el Código Penal recién vigente no regule muchas de las disciplinas o de los profesionales de la antropología, muy pronto va a notarse el aumento de la necesidad de que existan expertos capaces de aportar pruebas científicas para la investigación y el juzgamiento de los delitos, específicamente aquellos en los que existen restos humanos, especialmente cuando el cuerpo está esqueletizado, descompuesto, quemado o fragmentado, o se encuentren en fosa común. ¿Qué código penal emulamos? Uno que disponga de la ciencia.
En la década de los 80 aparecieron las primeras asociaciones de antropología física o biológica, considerando que en República Dominicana la paleopatología forense es la menos aventajada, ya que su campo de trabajo es inexistente. No existen antropólogos con la formación profesional y el interés en antropología física o biológica; tampoco existe una Unidad de Antropología, que valga como evidencia de que se interpreta de manera especializada la paleopatología forense, con funcionamiento permanente dentro del sistema nacional de ciencias forenses.
En lo personal, hemos señalado esta situación y hemos propuesto fortalecer esta disciplina mediante la creación de una Unidad de Antropología Forense en el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF). Significa que actualmente las funciones oficiales no describen una sección específica de antropología, de paleopatología forense y sus derivados en dicho organismo.
La Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica (ALAB) fue fundada en 1989, en Santiago de Chile; durante una reunión de especialistas en antropología biológica de diversos países latinoamericanos, entre los que destacaron su fundador e impulsor, los doctores Francisco M. Salzano, pionero de la genética de poblaciones humanas en América Latina y Francisco Rothhammer, reconocido por sus investigaciones sobre genética de poblaciones y evolución humana, inició toda la cuestión. Con la celebración de su primer Congreso de la ALAB, se consolidó una red regional de investigación en bioarqueología, genética de poblaciones, antropología forense, paleoantropología, primatología y paleopatología. Sus principales campos de acción deben ser receptivos para nuestro país o el país estará rezagado en esta materia.
Así, pues, la evolución humana y paleoantropología estudian el origen y la evolución de la especie humana, analiza fósiles de homínidos y su contexto evolutivo; la bioarqueología, investiga restos humanos de poblaciones antiguas, reconstruye la dieta, las enfermedades, la actividad física, la movilidad y las condiciones de vida del pasado; la antropología forense, identifica restos humanos en investigaciones judiciales y humanitarias y estima sexo, edad, estatura, ascendencia biológica y posibles causas de muerte; la genética y genómica de poblaciones, estudia la diversidad genética humana, analiza migraciones, parentesco, adaptación y evolución de las poblaciones; la ecología y adaptación humana, examina cómo las poblaciones se adaptan a diferentes ambientes, como la gran altitud, el clima extremo o los cambios alimentarios; la paleopatología (salud y enfermedad de los huesos), investiga la interacción entre factores biológicos, sociales y culturales en enfermedades infecciosas y crónicas, estudia la nutrición, envejecimiento y salud pública; la primatología, analiza el comportamiento, la biología y la evolución de los primates para comprender mejor la evolución humana