País de desmemoriados
Este es un país donde la mayoría de los ciudadanos, en especial los que ostentan el poder político y económico, actúan por moda o conveniencia.
Hace unos días se reinició una campaña con gran acogida para que se designe el Quisqueya con el nombre de Juan Marichal.
Sin embargo, a menos de dos meses se apagó como por arte de magia, y hoy nadie habla del tema.
Para los opositores al proyecto, quitarle el nombre de Quisqueya a esa instalación beisbolera sería un acto de “traición a la patria”, aunque esos mismos que opinan así nunca se han preocupado o levantado la voz para protestar por las ignominias contra las grandes mayorías, de los abandonados a su mejor suerte.
Además, eso demuestra que aquí se da poco seguimiento a las cosas, y que un hecho secundario echa a un lado otro más importante.
Dentro de unos meses o años alguien volverá a retomar lo del cambio de nombre del estadio, pero mientras tanto, eso es cosa del pasado.
Alguien definió a los dominicanos como un pueblo sin o muy escasa memoria, lo que parece ser verdad, no solo por el caso que expongo, sino por muchos otros que han tenido más repercusión.
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