Otra vez, a los directivos de la ADP
El 29 de noviembre que viene cae martes y en consecuencia es día de clases. A riesgo de caer en la necedad y parezca machacar en hierro frío, sugiero a los principales dirigentes de la Asociación Dominicana de Profesores impartir la orientación correspondiente para que ese día los maestros dediquen siquiera varios minutos a la memoria histórica y el patriotismo y les digan a los alumnos que esa es una fecha luctuosa, porque justamente cien años atrás, un país que siempre ha creído que el nuestro es una de sus colonias, declaró oficialmente a la República Dominicana en estado de ocupación militar.
En esa fecha rodó entre las botas de los soldados de los Estados Unidos la independencia nacional por la que luchó Juan Pablo Duarte y han luchado durante mucho más de un siglo, aún bajo el orden brutal de aquella ocupación, los mejores hombres y mujeres de esta patria.
Una simple proclama, suscrita desde el puesto de mando de un capitán de la escuadra de cruceros del Atlántico sustituyó la Constitución, al Congreso, al presidente, el gobierno, las leyes, la voluntad popular, todo lo cual quedó en desuso; y lo que siguió desde ese día es parte de una historia que marcó el país y cuyas consecuencias se sufren todavía.
Este año entero no alcanzó para que un país hundido en el inmediatismo y la búsqueda de la solución individual de los problemas, dedicara la atención que merecía un acontecimiento como el de la ocupación yanki de 1916 a 1924, antesala del ascenso al poder en 1930 del general Rafael Trujillo, discípulo aventajado de la escuela del terror y el crimen que los invasores inauguraron en nuestro país durante sus ocho años de dominio.
Tengo derecho a creer que los maestros saben que conmemorar acontecimientos históricos como ese es fortalecer el sentimiento nacional en base a las lecciones que pueden sacarse de ellos; es, además, una forma eficiente de contribuir al patriotismo de los hombres y mujeres del futuro, encargados de cumplir la tarea que los buenos dominicanos de hace cien años no pudieron terminar y que está pendiente de ser llevada a buen destino con la construcción de un país libre y soberano, sin amos que le impongan condiciones humillantes. Sin gobiernos dóciles que las acepten.
En ustedes espero, amigos profesores.
