Oscuridad

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Vengo repitiendo desde hace décadas que el cretinismo es una enfermedad que se manifiesta con un notorio retraso de la inteligencia, que el pueblo sabiamente asocia con la estupidez y falta de talento. Es como un apagón mental. Lo más triste es que hay cretinos genuinamente convencidos de su propia valía y buena fe, pese al fracaso catastrófico de lo puesto a su cargo por su piadoso jefe.

Nada ha contribuido más al impúdico exhibicionismo de este triste lisio –la idiotez orgullosa de su ignorancia— que la impunidad. Un cretino casi nunca admite serlo.

La facilidad para tratar de controlar la opinión pública en redes y plataformas digitales, sólo engaña a los propagandistas, que dan crédito a libelos colmados con vulgaridades, insultos, sandeces, oprobios e injurias dichas por intolerantes, incapaces de digerir opiniones distintas a las suyas. Peor todavía es el gárrulo aire de faculto de algunos sujetos sin menor idea del tema ni respeto por el criterio (la capacidad educada de juzgar rectamente) de expertos.

Los cretinos tal vez entenderán esto el día que paran mangos las árboles vaineros, conocidos por algunos como “m” en cajeta… Quizás por ponerle demasiado asunto a los cretinos o creer que el reflejo mediático de la realidad la suplanta o sustituye los hechos, muchos políticos se convierten en esclavos de la opinión pública en vez de sus conductores. Llevarse ciegamente de quienes no han acertado nunca difícilmente conduce a mejorar la puntería, menos aun si apagan la luz.

Pero no me crean, que quizás estoy contagiado del cretinismo (aunque al menos sé y admito que vivo equivocándome), distinto al fuñéctrico voltícaro genial, a quien la luz persigue, aunque él siempre es más rápido.