Opciones y perspectivas del Partido Reformista
Robert Greene, en su muy leído y difundido texto “Las 40 leyes del poder” nos describe una situación que bien puede aplicarse a las circunstancias por las que ahora transita el llamado Partido Reformista Social Cristiano.
Mirar al pasado es relevante, nos dice, porque se trata de un proceso de autoeducación. “Una vez analizado el pasado histórico” precisa detenerse “en el pasado inmediato. Esta es la escuela más eficaz para aprender”.
Tan pronto desapareció el doctor Joaquín Balaguer, esa organización, que jugó un papel protagónico en la vida del país, se degradó hasta casi desaparecer del panorama político dominicano.
Balaguer y sus respectivos gobiernos tuvieron, como toda obra humana, luces y sombras. Entre sus luces se puede hablar de una actitud muy conservadora hacia el uso de empréstitos internacionales. La confianza estricta en nuestros propios recursos. Una política exterior solidaria.
Se construyeron numerosas presas para atenuar, en lo posible, nuestra dependencia del petróleo importado. La industria de la construcción transformó el aspecto de las ciudades y creó una apreciable cantidad de empleos. Se estimuló, como consecuencia, la producción interna, tanto agrícola como industrial y la actividad comercial.
Miles de kilómetros de autopistas y caminos vecinales fueron construidos. El gran turismo se hizo presente.
Las “leyes agrarias” y la apertura bancaria desplegaron un abanico de oportunidades. Se estimuló la creación de una poderosa clase media ahora en vía de desaparición.
Resulta conveniente revisar las muchas actividades de los gobiernos de Balaguer en beneficio de los desposeídos. Vivienda, educación, salud pública, ayudas directas. Nadie osa negar que durante sus primeros doce años se cometieran atrocidades sin cuento.
Una revuelta inconclusa y cinco mil muertos fueron la puerta de entrada de su régimen. Pese a ello el país empezó a reorganizarse. Dejamos atrás el pesimismo y el desarrollo y el progreso tocaron nuestras puertas.
La dirigencia reformista que sucedió al líder evidenció desde el primer momento un escaso interés en términos de crear una opción política válida y perdurable.
El interés nacional fue sustituido por el interés personal. Las “alianzas” les permitieron al partido y su dirigencia seguir disfrutando de privilegios y riquezas compensatorios, sin ningún vínculo con los sueños reivindicadores y de progreso de su fundador.
Ahora, los reformistas enfrentan una coyuntura histórica que les puede resultar favorable en el sentido de recuperar otra vez una cuota significativa del poder perdido -y, quizás, la gloria perdida.
¿Quiénes serán los escogidos para llevar esa organización a mejor puerto que este vergonzoso presente sin perspectivas verdaderas, sin sueños, sin grandeza? Yo apuesto a personas como José Hazim e Ito Bisonó.
La otra opción sería invertir esfuerzos inútiles en aquellos que no miran más allá de su evidente bienestar y sus irritantes privilegios particulares.