Este trabajo sobre el oficio de antropólogo no tiene nada que ver con el libro homónimo del antropólogo francés Marc Augé (Poitiers, 1935), quien ofrece consejos que no despreciaría especialmente el que se dedique plenamente a “afrontar […] con una idea clara sobre cuáles son los objetos, los envites y los métodos de su disciplina”. Además, destaca por haber ejercido el oficio de antropólogo de manera integral, como investigador, docente y funcionario de museos, de organismos internacionales.
Su mención aquí, tiene que ver con el comportamiento de un verdadero antropólogo: la ética profesional, cuya utilidad rinde utilidad al proteger la dignidad, privacidad y derechos de las personas y comunidades con las que trabaja, y el trabajo interdisciplinario, que consiste en colaborar con profesionales de áreas fronterizas, como sociología, historia, arqueología, educación y ciencias políticas. Entre antropólogos hay que ser respetuoso de la profesión, y de las realidades que se le permite a quien está a cargo de la faena concreta que lo ata una función profesional.
En el panorama actual existe una necesidad de preguntar sobre nuestra antropología; preguntar con énfasis, por ejemplo, en el modo en que se está expresando esta profesión. Si nos orientamos a partir de la contribución que ofrece esta fascinante ciencia general del hombre, de la diversidad cultural, en un diálogo con otros oficios, como el de los historiadores, los sociólogos, los filósofos del arte, puede presuponer un conocimiento especial de lo que equivale la antropología; pero si preguntamos qué realidad como gremio, como asociación profesional se ha alcanzado hasta ahora, entonces, los antropólogos dominicanos son unos amanuenses.
Nuestra antropología surgió mediante la Ley 318, del 29 de octubre de 1972; en esa misma década nacieron todos los museos (antropológico y arqueológico, de geografía e historia, y de historia natural) de la ciudad de Santo Domingo.
La Asociación Dominicana de Antropología fue fundada en 2012, el nombre que utilizó y todavía utiliza es erróneo (Sociedad Dominicana de Antropología, Sodan), sin destacar su evolución. Una sociedad académica es un nombre que se destina a las actividades científicas de los institutos sociales; vg. en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UASD, debería tener una sociedad de antropólogos (revista, congresos, seminarios, investigación, entre otros).
Y he aquí el verdadero motivo de la reflexión de la profesión de los antropólogos dominicanos. El oficio pudiera estar sumido en una parálisis, en una latente crisis desde hace tiempo, al conocerse una solicitud de colegiación de los profesionales de la antropología de manera indebida, fruto de una conciencia individualista y egoísta.
La misma ha sido depositada en fecha 18/8/2026, en la curul del senador Félix Bautista Rosario, a título personal, y no por los canales de la directiva de la Asociación de Antropólogos vigente. La iniciativa de proyecto de ley está marcada con el número 01825-2026-PLO-SE.
Esta no podrá aprobarse en ningún caso, ya que exige que los antropólogos a su cargo sólo son profesionales si ella lo regula; que la colegiación es quien va a regular la profesión si se registra en este nuevo organismo. Pero resulta que para ser presidente del colegio tiene que someterse a una decisión de la asamblea extraordinaria eleccionaria. No se puede usar el nombre colegio de profesionales de la antropología, eso está reservado a quienes representan a la Sodan.
En las redes se están reclutando a estudiantes para ser miembros. Craso error. ¿Ignoran estas personas que el colegio es sólo para profesionales?, ¿será que van a coexistir dos gremios de antropólogos? ¡Ojos bien abiertos!
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