Como si no fuera suficiente con asfixiar económicamente a una pequeña isla, a toda su población, por el único hecho de forjar su propio destino, ahora la amenaza se vuelve más inminente.
No es la primera vez.
Cuba lleva 65 años siendo víctima de una guerra económica brutal que le ha impedido desarrollarse y mejorar las condiciones de vida de su población. Aun así, nunca se ha rendido y, por el contrario, ha llevado su solidaridad a casi todos los continentes.
Ni antes ni ahora Cuba ha representado una amenaza para el gigante del Norte, que, sin embargo, considera un “atrevimiento imperdonable” que los hijos de José Martí y Máximo Gómez hayan decidido seguir su propio rumbo.
Por enésima vez, Cuba recibe un ultimátum para que se rinda. Esta vez ha sido el presidente Donald Trump, a quien, después de la agresión a Venezuela, hay que tomarse muy en serio sus declaraciones, por más estrambóticas que parezcan.
“Trump advierte a Cuba que debe llegar a acuerdos con EE. UU.”, dicen los noticieros.
“Nadie nos dicta lo que tenemos que hacer”, fue la respuesta del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.
Los cubanos están hechos de una pasta muy especial, y Estados Unidos lo sabe muy bien desde Bahía de Cochinos. Y no es que no puedan entrar, bombardear, destruir y secuestrar. Es el costo que ello conllevaría y, además… en Cuba no hay petróleo.
Pero si Cuba no representa una amenaza para Norteamérica, ni tiene los recursos de Venezuela, ¿por qué agredirla militarmente, además del bloqueo económico que ya lleva más de medio siglo? La única razón que le encuentro es una obsesión patológica de un imperio que no admite que otros puedan tener un sistema de gobierno que no esté alineado con el suyo. Un delirio.
Incluido Donald Trump, ya son 12 los inquilinos de la Casa Blanca a los que ha sobrevivido la Revolución cubana, y, aunque con matices, en casi todos ha primado la obsesión por hacerla fracasar: John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson, Richard Nixon, Gerard Ford, Jimmy Carter, Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden y Donald Trump.
Hasta ahora, Cuba ha resistido la embestida. Los intentos de asesinato de su líder, Fidel Castro, se cuentan por cientos; las medidas y las sanciones afectan las condiciones de vida de la gente. Se quiere hacer ver el modelo socialista que intenta desarrollar la isla como un fracaso. Y, sin embargo, Cuba resiste con estoicismo y valentía.
¿Cuántos sacrificios más hacen falta para que se entienda que Cuba no se rinde? ¿Habrá quien pueda frenar la vorágine de terror y de muerte que se ha desatado en la región y que amenaza al mundo con una tercera guerra mundial?
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German Marte
Periodista dominicano. Comentarista de radio y TV. Prefiere ser considerado como un humanista, solidario.