Nunca, jamás, se dé por vencido
Admito sin ambages, que he observado miles de partidos de baloncesto en diferentes categorías durante más de medio siglo, y en muy escasas oportunidades, quizá nunca, había visto un final con tantas expectativas y emociones, como el cuarto partido del pasado miércoles, entre los Spurs y los Knicks.
Y no es por coincidencia, este choque ya quedó registrado en la historia de las finales de la NBA como el único en el que un equipo que está abajo por 29 puntos en el intermedio logra remontar para obtener el triunfo, que en este caso fue apenas por un punto, 107-106.
De acuerdo a los datos estadísticos, la mayor remontada ejecutada para lograr imponerse, era de 24 puntos, es decir, que los Knicks lograron una hazaña espectacular, la cual ha dejado atónito a todo el mundo del básket.
Esta remontada del quinteto de Nueva York, habla sobre cómo la sicología influye en las personas, sobre cómo no permitir, bajo ningún aspecto, abandonar la lucha cuando las circunstancias son adversas.
Si los Knicks hubiesen adoptado el derrotismo ante la avasalladora anotación que le llevaban los Spurs, hoy se estuviera contando una historia totalmente diferente.
Todo parece indicar que el título se asentará en Nueva York, lo cual no sucede desde 1973, aunque para algunos todavía no se puede cantar victoria, ante un rival que logró el segundo mejor récord de victorias en la campaña regular y que aplastó a los Thunders, amplios favoritos para ser campeones.
La final se traslada mañana a San Antonio, con los Spurs que tienen que ganar sí o sí, si buscan seguir con vida.
Ya sea en San Antonio o en su casa, si los Knicks logran el título, Nueva York vivirá la mayor fiesta colectiva de las últimas décadas.