Nubes oscuras en el horizonte
Justo cuando nos estábamos acostumbrando a un escenario internacional acomodaticio y muy positivo para una fácil gobernabilidad post elecciones de mayo próximo, surgen nubes oscuras que amenazan tan placentero escenario.
Paradójicamente el primer síntoma del “crack” o crisis que podría avecinarse radica en los precios bajos del petróleo, que han desestimulado la búsqueda de fuentes y medios alternos de energía, llevando la investigación y desarrollo casi a la quiebra. Pero así mismo al mantenerse lo niveles de precios bajos, las posibilidades de repago de cuantiosos préstamos relacionados con la industria extractiva y de refinamiento casi han colapsado.
La segunda ha sido la desaceleración del crecimiento de la economía china, reduciéndose con ello la demanda de bienes primarios, que a su vez ha producido fuertes contracciones en muchas de las economías más importantes, incluyendo muchas de nuestro hemisferio.
Como cita el periódico europeo Cinco Días: “la propia banca europea se ha situado en el vórtice de un huracán de volatilidad que ha sacudido los mercados europeos y se ha llevado por delante buena parte del valor en Bolsa de alguna de las entidades más consolidadas. ¿Hay causas fundamentales para esta huida por parte de los inversores del sector financiero o es solo la industria que más sufre la volatilidad reinante?
En otras palabras, frente a la posible crisis, la banca podría ser la primera víctima.
A estos escenarios de volatilidad hay que sumarle las incertidumbres de la actual campaña política presidencial norteamericana, donde personajes de la talla de un desenfadado Donald Trump luce está reuniendo la intención de voto de las mayorías insatisfechas con la gobernanza de esa nación.
Realmente se está cocinando un panorama internacional que merece un seguimiento muy celoso, ya que en los próximos meses podrían desatarse nuevas tempestades que se constituirían en enormes desafíos para la gobernabilidad.
