Santo Domingo.- Las calles y aceras del Gran Santo Domingo ostentan un constante flujo de comerciantes informales, quienes trabajan con esfuerzo para llevar a sus hogares el sustento diario.
Ven en el expendio de maníes, bebidas refrescantes y demás artículos una nueva oportunidad de vida para no incurrir en actos sancionables por la sociedad y trabajar con honestidad.
Marianelys Guillén, una madre soltera, desarrolla sus actividades comerciales en las inmediaciones de la Avenida San Martín vendiendo semillas de cajuil para llevar el pan de cada día a sus hijos.

"Las personas de la calle no todas somos iguales, hay muchas que no tenemos otra fuente de empleo, no tenemos cómo llevar el sustento a la casa. Yo soy madre y padre; tengo cuatro hijos. Yo vendo semillas en la calle y de eso es que vivo", explicó Guillén.
Sin embargo, el sacrificio de mantener a su familia se empaña con la intervención de las autoridades municipales, quienes, según su denuncia, confiscan sus artículos de ventas y apresan de forma arbitraria.
"Últimamente la Policía Municipal y el Ayuntamiento nos han estado dando mucha caja. Nos llevan presos como delincuentes, amanecen con uno preso y al otro día nos sueltan como si uno fuera un delincuente", manifestó la dama con profunda indignación.
Los aprehendimientos constantes también afectan a sus compañeros, los cuales deben volver a invertir cuando sus productos son retenidos sin esperanza de devolución.
"El Ayuntamiento, si cruza, se lleva lo que se lleva y eso no aparece; eso se queda allá. Entonces, pierde uno y a veces hay que volver a hacer otro lío para volver a comprar", denunció la comerciante.
Está a favor de que las autoridades apresen a los infractores, pero exige que la dejen "trabajar en paz"

Un puesto de semillas de cajuil se erige entre el vaivén de los carros y Guillén aprovecha un parpadeo en las luces del semáforo para detener a los conductores y ofrecerles sus semillas de cajuil.
Algunos adquieren sus productos y otros ignoran el llamado; para ella, sigue siendo más importante brindarles un buen servicio.
No se opone a que las autoridades apresen a los infractores de la ley, pero exige que la dejen "trabajar en paz", porque las condiciones en que desempeña su trabajo son dignas.
Los permisos son insuficientes, afirma, ya que ellos "no quieren que uno venda".
"Como madre y padre, estoy de acuerdo con que se limpien las calles, porque hay muchas personas que nos hacen daño a nosotros los que andamos trabajando limpiamente, porque lo que uno quiere es trabajar tranquilo y llevar el sustento a la casa", exigió la madre de cuatro hijos.
Falta de oportunidades en el mercado laboral
La falta de oportunidades en el mercado laboral es un flagelo que obliga a muchos dominicanos a establecer sus propios negocios, muchos de ellos informales, para gestionar los recursos que viabilizan su existencia.
La falta de ingresos provenientes de una fuente fija supedita a Marianelys al comercio informal, pero honrado.
La necesidad de salir a las calles no es una opción, sino una obligación, y solo exige poder trabajar con dignidad para no hacer lo "mal hecho".
"Lo que uno quiere es trabajar tranquilo y llevar el sustento a la casa honradamente. No hay otra fuente de empleo. Yo quiero salir de la calle, pero si voy y me siento en mi casa, ¿de qué vivo? ¿Cómo mantengo mi casa y mis hijos?", concluyó Guillén.