¡No quiero ver! (1-3)
Recientemente traté el tema de los valores en la educación. Hoy vuelvo sobre el valor del “pudor”. Recuerdo el énfasis de mi abuela sobre la importancia de una mujer cuidarse como un tesoro. El prestigio era lo máximo para conseguir esposo y respeto en la sociedad.
En una ocasión entrevisté unos esposos, él, norteamericano, ella, italiana. Ella relató que su abuelo retó a duelo a un periodista que en aquella época se atrevió a piropear públicamente a una de sus hijas. Con lo que entiendo que la honra tenía el mismo peso en gran parte del mundo.
La vestimenta, el comportamiento e incluso la risa tenía patrones a seguir de acuerdo al lugar y el momento, y los padres estaban al pendiente de sus vástagos. Sin embargo, hoy día se hace casi imposible que los jóvenes entiendan la importancia de estos conceptos. Los criterios han cambiado.
El divorcio, las madres solteras y adolescentes, así como la ausencia de la iglesia en la vida de las familias han sido el caldo de cultivo para que cada vez más los antivalores se conviertan en virtudes que exhibir.
El internet con sus herramientas de Facebook, así como el Intagram son dos de las vías mas expresas para mostrar al mundo lo que muchos padres quieren esconder.
Los hijos, esos mismos que tantos padres se esfuerzan por presentar ante sus amistades como los mejores, hacen el mismo esfuerzo, pero invertido, por exhibirse como todo lo contrario.
Niñas que tan pronto comienzan a desarrollar, se abren las blusas para mostrar sus pechos al público, mientras ante sus padres usan pantalones largos en el Facebook prácticamente están en ropa interior.
Previamente a estas publicaciones cambian su nombre publico y bloquean a los padres a quienes les aseguran cerraron sus páginas.