No puedes… ¿o sí?
Leí una frase que se me quedó dando vueltas: “Cómo arreglar a alguien: 1. No puedes”. La realidad es que no puedes arreglar a alguien porque lo que hacemos y somos, cómo reaccionamos y las decisiones que tomamos son elecciones personales. Y, si lo pensamos bien, nuestra idea de lo que significa ‘arreglar’ a otro dice mucho más de nosotros que de los demás.
Recordemos que cada proceso e historia es individual y cada quién carga con sus propias batallas, heridas, silencios y tiempos. Pero después me pregunté: ¿y si dejamos de pensar en individuos y pensamos en sociedad? Porque ahí sí hay mucho que arreglar y se puede cambiar.
Hoy la salud mental parece haber llegado a un punto crítico (lo afirman los expertos), la violencia está en las casas, escuelas, calles, tránsito y espacios laborales… estamos funcionando desde la reacción y no desde la reflexión.
Cada vez somos menos tolerantes, nos cuesta escuchar antes de responder o, peor aún, parece que dejamos de escuchar de verdad: muchos no procesan, analizan o hacen pausa… funcionando en modo reactivo, combustión espontánea permanente y alerta constante.
El tránsito es un ejemplo diario de eso: caos en las calles, descontrol de los motoristas y agresividad normalizada. Sin embargo, el problema va más allá de una bocina o un tapón, está en las preocupaciones y limitaciones de la gente: comida, gasolina, servicios básicos, pluriempleo y salarios desconectados de su realidad económica… es habitar en un cuarto de pánico gigante.
Hay muchas razones para explicar por qué estamos como estamos: gobiernos de políticos desconectados del bien común y atrapados entre intereses y corrupción; deficiencias en la educación de hogar que continúa en las escuelas; indiferencia colectiva alimentada por preguntas como “¿qué puedo hacer yo?” o un simple “eso no me afecta a mí”, pero sí lo hace; o la apuesta silenciosa de los de arriba a la ignorancia colectiva y mentalidad de rebaño, donde las redes sociales son vitrinas del engaño. Y si seguimos enumerando causas, probablemente no terminemos.
Sí podemos
Pero vuelvo a la pregunta inicial: ¿no podemos arreglar nada? Claro que sí podemos.
Podemos empezar por recuperar algo tan básico como escuchar y hacerlo antes de reaccionar; educar en valores con más intención; y dejar de normalizar la violencia pequeña (verbal y cotidiana que parece inofensiva) porque esa es la que construye sociedades agresivas.
También podemos exigir instituciones más responsables y ser ciudadanos más responsables; enseñar con empatía, respetar las diferencias y entender que convivir implica ceder espacios; cuidar nuestra salud mental y dejar de tratarla como un lujo; criar hijos menos desconectados emocionalmente; dejando de celebrar la viveza y empezar a valorar la integridad.
Quizá no podamos arreglar a alguien, pero estamos a tiempo de arreglar muchas cosas entre todos… y eso también empieza por una decisión personal.