Vi en alguna red social un videíto de Peña Gómez alegando que Teresa de Jesús Méndez, la madre de Buenaventura Báez, era una mulata esclava. El post dice que era haitiana.
Alguna gente erradamente cree que Juana Méndez, la comunidad fronteriza frente a Ouanaminthe, fue nombrada así por Teresa, quien nunca anduvo por el noroeste ni era haitiana ni mulata. Era una negra pura exesclava nacida y criada en Neiba y llevada a Azua al hacerla su amante Pablo Báez, cuya esposa era estéril. Con esta muchacha, Teresa Méndez, tuvo Pablo varios hijos, el mayor de los cuales fue Buenaventura Báez Méndez.
Alegar que Teresa era una mulata o haitiana son dos disparates, contrario a toda la evidencia de que fue una bellísima negra liberta que se ocupó con esmero de la crianza de sus hijos. En sus casas en la calle Padre Billini frente al callejón de los curas, tenían cada uno en el vestíbulo un gran retrato de ella.
Teresa oía misa diariamente en la Catedral, donde está enterrada en una tumba sin lápida adyacente a la de su hijo Buenaventura. Me apenó ese discurso de Peña Gómez, empeñado en demostrar que Luperón, Lilís, Trujillo y Balaguer tuvieron ascendientes haitianos, como si su propia sangre puramente haitiana fuera la causa de que nunca llegara a presidente.
Peña aprovechó más que ningún otro político su negritud y origen humilde, que lejos de restar, le sumó muchísima simpatía y popularidad.
No fue por racismo que nunca subió al poder, sino por sus emotivos arranques y malas decisiones, como poner de candidato a vice a alguien que los balagueristas jamás permitirían que sucediera a Peña cuando su cáncer concluyera su curso. Desde 1844 hemos tenido líderes de todas las mezclas posibles y sólo Peña hizo él mismo, en beneficio propio, que la negritud fuera un tema electoral.