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No es Bad Bunny. No es el Super Bowl. Es un choque histórico de cinco siglos

El espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl 60 fue mucho más que un show musical. Fue un símbolo de tensiones históricas que se han gestado durante quinientos años de interacción entre la hispanidad y el mundo anglosajón en América. Lo que millones vieron como entretenimiento revela también identidad, lengua, poder y raza.

California, cuna de historia hispana
El Super Bowl se celebró en California, un territorio que fue español y luego mexicano hasta la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848. Hoy es el estado con la mayor población hispanohablante del país. Ciudades como Los Ángeles y San Francisco se han convertido en epicentros de la diáspora hispana, donde la cultura y la política reflejan siglos de historia compartida.

San Francisco, nombrada por los españoles en honor a San Francisco de Asís, es hoy una de las ciudades más liberales de Estados Unidos, contraste evidente con la visión tradicional anglosajona que dominó gran parte del país por siglos. Idioma y memoria histórica

Estados Unidos no tiene un idioma oficial a nivel federal, aunque predomina el inglés en la administración y la educación. La Constitución nunca lo estipuló. Es relevante recordar que en Florida se hablaba español desde 1565, con la fundación de San Agustín, décadas antes de que llegaran los colonos ingleses.

En 2025, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que obliga a que las instituciones federales operen en inglés, reforzando su uso en la administración pública. Pero esto no convierte al inglés en el idioma oficial del país, ni borra la diversidad lingüística histórica de Estados Unidos. La narrativa del inglés como lengua única es relativamente reciente si lo comparamos con cinco siglos de historia.

Raza y religión: una visión en conflicto
El choque entre anglosajones e hispanos tiene raíces profundas en la religión y la concepción racial. Los puritanos y calvinistas ingleses se veían como un pueblo elegido por Dios, individualista, cuya misión era mantenerse dentro de su propio grupo y raza, evitando mezclarse con indígenas o afrodescendientes. Por el contrario, los españoles católicos promovían la expansión de la fe y la integración, sin distinción de personas, creando sociedades de mestizos, mulatos y otras mezclas raciales.

Ese contraste se refleja en la historia del oeste estadounidense. Donde hubo presencia española, como California y el suroeste, la tradición hispana fomentaba la integración cultural y racial. Cuando los estadounidenses llegaron, su visión de pureza racial los llevó a aislar a los pueblos indígenas en reservas, mientras que la tradición hispana integraba.

Por eso, la composición del show —bailarines y cantantes principales no caucásicos, sino afrodescendientes, mulatos y mestizos, dejando a un lado a Lady Gaga— tiene un significado profundo. Para la visión histórica de los colonos ingleses, estas representaciones habrían sido vistas como “inferiores”: danzas de origen indígena, africano y mediterráneo europeo (español campesino) que reflejan la riqueza de la herencia hispana.

Música, símbolo y mestizaje
Ver a Lady Gaga cantar salsa en el evento es un ejemplo vivo de mezcla racial y cultural. La salsa combina tambores africanos, el güiro indígena taíno, y instrumentos europeos como trombón, trompeta y piano. Que una cantante blanca interprete este género representa un símbolo de integración cultural que trasciende la percepción superficial de la cultura.

La representación de la caña de azúcar y la gente trabajando en ella remite al trabajo esclavo y la historia afrodescendiente, elementos que la visión anglosajona tradicional veía como “inferiores”. Del mismo modo, la bodega urbana de Nueva York, reflejada en canciones como Un verano en Nueva York, evidencia la cultura popular de los estratos bajos, que para la mirada estadounidense tradicional pertenece a una “cultura baja”.

Recordemos también que en los años 60, Martin Luther King luchaba por los derechos igualitarios de los afrodescendientes, lo que demuestra que Estados Unidos sigue marcado por divisiones de pensamiento y que las cuestiones raciales están presentes incluso en el entretenimiento. Todo esto, integrado en un espectáculo masivo, transmite historia, resistencia y mestizaje a través de la música, la danza y la representación corporal.

América y la percepción del continente
El choque también es conceptual: para muchos estadounidenses, “América” significa Estados Unidos, mientras que para los hispanos se refiere a toda América. España incluso apoyó a Estados Unidos en su independencia del Reino Unido, y en el siglo XVIII, ciudades como Nueva York o Boston eran pequeñas en comparación con Ciudad de México o Lima, centros de riqueza e influencia que inspiraron la organización urbana y cultural de los colonos anglosajones.

Puerto Rico: historia y resistencia cultural
Luego de que España pierde Puerto Rico en la Guerra Hispanoamericana de 1898, los estadounidenses intentaron imponer el inglés como idioma oficial para asimilar a los puertorriqueños a la cultura estadounidense. Sin embargo, la población local no aceptó la imposición, y durante aproximadamente 20 años carecieron de ciudadanía plena, ya que eran vistos como un pueblo minoritario y de estratos bajos, ajeno a la visión anglosajona dominante. Hasta hoy, los puertorriqueños en la isla no pueden votar por presidente de Estados Unidos, ya que Puerto Rico es un territorio, no un estado, lo que refleja la continuidad de esa exclusión histórica.

Conclusión
El Super Bowl 60 no fue solo un espectáculo. Fue un reflejo de tensiones históricas profundas, donde se mezclan lengua, raza, cultura y poder. Es la materialización de un choque que comenzó hace cinco siglos y que sigue presente en la identidad del continente. Al finalizar este artículo, le pedimos a los lectores que, tras concluir su lectura, vean nuevamente el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 60 y analicen lo que hemos expuesto en estos párrafos, para que puedan sacar sus propias conclusiones.

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