Necrofilia política
Peña Gómez, fallecido hace casi un cuarto de siglo, es una figura modélica del político ejemplar, según dijo ayer Abinader. Sergia Elena, la reformista acompañante de boleta de Leonel, tiene como grito de campaña que este fue el ungido por Balaguer, que tiene más de dos décadas en el más allá.
Entre comesolos, dirigentes que en vida traicionaron y dijeron oprobios contra Bosch, muerto en 2001, presumen de ser albaceas de su herencia política. Hasta Trujillo, bien ajusticiado por un puñado de valientes hace 59 años, a cada rato se cuela en las discusiones públicas sobre política.
¿Qué nos pasa a los dominicanos que, en vez de invocar figuras tutelares como Duarte o Sánchez, preferimos mantener vivos a políticos cuyas propuestas casi ninguna sirve hoy? Las realidades políticas, sociales y económicas –desde la Internet hasta las expectativas de una enorme mayoría de votantes jóvenes— harían que Balaguer, Bosch, Peña y Trujillo creyesen que este es otro país. Casi todos los jóvenes ignoran qué representa cada uno. Tanta necrofilia da qué pensar…
