Nada personal…
He apoyado y defendido tanto a este Gobierno, tras cambiar mi opinión al ver su desempeño en sus primeros 18 meses tras 2020, que amigos muy serios me acusan de ser lisonjero.
Sigo creyendo que el presidente Abinader merece mi respeto y reconocimiento por su decencia, empeño patriótico y saldo generalmente muy positivo de su gestión.
Ahora viene el pero… Sin embargo, en varios aspectos he estado y sigo desconcertado al no entender ni digerir cómo ni por qué el Gobierno insiste en un populismo contraproducente que le resta brillo sin ninguna real ventaja política ni económica.
El más continuo y notorio ejemplo es subsidiar con más de RD$520 millones diarios a las quebradas e ineficientes EDE. El aspecto moral es peor que los demás, pues legitima socialmente el robo de luz y las conexiones ilegales o sin medidor, consolidando una cultura de ilegalidad tolerada e impune.
También fomenta la informalidad. Si el asunto es rehuir un falso costo político, RD$520 millones diarios es un precio enorme y desproporcionado, pues aplicados a obras, otros subsidios o saneamiento fiscal, rendirían mucho más y estimularían mayor dinamismo y crecimiento económico.
A ese subsidio eléctrico debe sumarse el altísimo costo que representa la generación de emergencia de industrias, comercios y hogares, que encarece todo. Quien haya convencido al Gobierno de este modelo absurdo es sin duda su peor enemigo y merece ir de cónsul a Teherán, Kabul o Norilsk (en el Ártico ruso).
El más leal apoyo y defensa no lo ofrecen los “yes men” ni los paniaguados, sino quienes no negocian el criterio ni la integridad personal. Apañar los lisios -como llamaba Lilís a las corrupciones públicas y privadas- daña mucho, no arregla ni aporta nada y cuesta muchísimo más que aplicar macana legal e imponer el orden y la legalidad.