Mujeres que siembran esperanza y transforman las oportunidades del campo
Destaca que el trabajo agrícola de hoy es muy diferente al de generaciones anteriores
Hacer parir la tierra y criar peces le ha devuelto la esperanza de vivir en un campo más próspero e inclusivo a decenas de mujeres dominicanas que antes practicaban una agricultura de subsistencia en sus patios y que hoy dan pasos para convertirse en pequeñas empresarias.
Anacheta Jiménez es una de esas agricultoras. Con voz entusiasmada cuenta que lleva más de 40 años trabajando la tierra, un conocimiento que ha pasado de generación en generación.
Ahora involucra en el proceso de siembra a sus nueve nietos e hijos, quienes han alcanzado diferentes profesiones universitarias. “Le he enseñado a mis hijos a sentirse orgullosos de trabajar en el campo y de contribuir a que a la mesa de las familias lleguen alimentos de calidad”, resaltó, al explicar que desde su proyecto venden semanalmente a hoteles del Este y también a su comunidad en la provincia La Altagracia.

Como Jiménez, en el país hay más de 200 mujeres que están dejando un legado en los campos dominicanos y demostrando que producir y cosechar también es cosa de mujeres, cuenta Ámbar Rijo, agricultora y líder comunitaria en la provincia La Altagracia.
Explica que forma parte del proyecto Casa Sombra María Ruiz y es beneficiaria del Proyecto Campo Conecta, una iniciativa impulsada por la FAO en articulación con el programa Supérate y el Ministerio de Agricultura.
Destaca que el trabajo agrícola de hoy es muy diferente al de generaciones anteriores.
Recuerda que antes los agricultores trabajaban “de sol a sol”, sin acceso a agua, infraestructura ni apoyo técnico, mientras que ahora cuentan con orientación y mejores condiciones para producir.
De su lado, Diorledi Rijo, quien trabajó en los sectores hotelero y zona franca por más de 15 años, asegura que uno de los mayores valores de esta iniciativa es que le permite trabajar junto a su familia.
Cuenta que comparte la labor con su esposo, sus hijos e incluso sus yernos, lo que ha convertido la producción agrícola en un proyecto familiar y comunitario. Afirma que ver crecer los cultivos y poder llevar a la mesa alimentos orgánicos producidos por ellas mismas es una experiencia satisfactoria.
También, Rijo señala que parte de la producción se vende en la comunidad y otra se comercializa en los hoteles de la zona, lo que poco a poco ha permitido ampliar el resultado de su trabajo.
“Estamos armando una empresa en el campo”, expresó Rijo a EL DÍA durante un encuentro, quien afirma que los resultados obtenidos hasta ahora demuestran que el esfuerzo “vale la pena”.
Un negocio de esperanza
Ahora tiene la meta de desarrollar un proyecto agroecoturístico con el que espera involucrar al sector turismo, detalló Ámbar Rijo.

La producción se realiza durante todo el año y se vende a Club Med y Viva by Wyndham, gracias a las estructuras que les permiten mantener condiciones adecuadas para la producción continua de hortalizas.
Explicó que el manejo de las finanzas también ha evolucionado en su proyecto.
De las ventas, un 20 % se reserva para los gastos operativos de la casa sombra y el resto se divide en partes iguales entre las integrantes.
Desafíos
El financiamiento sigue siendo uno de los principales desafíos, ya que las propias productoras cubren la compra de plántulas e insumos. Sin embargo, instituciones de cooperación les han apoyado con materiales como mallas, sistemas de riego y biodigestores.
Otro reto es el manejo del tiempo entre el trabajo en el campo y los quehaceres del hogar. “Sabemos que las plantas dependen de nuestro cuidado, por lo que no podemos descuidarlas”, comentaron.
Iniciativa
El proyecto sostenible que reúne a más de 200 mujeres se ha convertido no solo en un espacio de trabajo, sino también de aprendizaje. Aunque ellas producen guineos, tilapia, ñame y orégano a campo abierto, trabajan en un ambiente con acompañamiento técnico, formación en producción y educación alimentaria y nutricional.
Además, reciben asistencia en tecnologías que les ayudan a producir de una manera más amigable con el medio ambiente, explica Andrés Cedano, especialista agrícola de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Apuntó que las mujeres son un motor de desarrollo en las comunidades, y la asistencia es clave, ya que enfrentan mayores dificultades para acceder al crédito por tema de tenencia de tierras. Dijo que además dan asistencia sobre inocuidad de los alimentos. Para garantizarla, cuentan con dos centros de acopio destinados al lavado y manipulación de los productos.
1— Población
En República Dominicana la población de mujeres, según datos del último censo, es de 5,437,095.
—2— Crédito
Las mujeres utilizan su acceso al crédito formal, pasando de 925,670 en enero de 2021 a 1,311,792 en enero de este año, para 42 % de crecimiento, de acuerdo a datos de la Superintendencia de Bancos.
