San Luis.-En medio de la conmoción y el dolor que experimentaron los Cardenales tras la muerte del dominicano Oscar Taveras en octubre de 2014, la franquicia también tuvo que darse cuenta de que aquel accidente automovilístico en la República Dominicana tendría amplias ramificaciones a largo plazo para una organización que siempre ha operado con el futuro en mente.
Taveras tenía 22 años y era el prospecto número 1 de los Cardenales cuando su Chevrolet Camaro se salió de la carretera. Había terminado su temporada de novato con una línea de producción ofensiva poco reluciente (.239/.278/.312), pero los Cardenales nunca creyeron que esos primeros números reflejaban lo que el quisqueyano podía hacer en el futuro.
De hecho, Taveras era el jugador alrededor del cual la organización quería construir el equipo. Pero en un parpadeo se había ido para siempre.
Todavía hay recordatorios tangibles de la ausencia de Taveras.
Una placa con su nombre cuelga en la entrada de las jaulas de bateo de los Cardenales en el Busch Stadium. Otro dominicano, Carlos Martínez, ahora viste el número 18 de Taveras y cada vez que sale a lanzar escribe unas palabras en la tierra de la lomita en honor a su amigo fallecido hace dos años.
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