Molina Morillo, un ángel
El pasado martes, mientras observaba el velatorio de nuestro director Rafael Molina Morillo me vinieron a la mente tantos recuerdos y buenos momentos que pasamos a su lado.
Recuerdo que conocí al doctor Molina Morillo en mayo del año 2000, cuando fui llevado de la mano de otro inmortal del periodismo, Francisco Álvarez Castellanos, cariñosamente Papi, quien me “escauteó” y me recomendó como “un gran prospecto” ante él para que me encargara de escribir los deportes en la segunda etapa de la revista [A]HORA.
Una sola entrevista fue suficiente para que Molina Morillo me entregara esa responsabilidad.
Durante la conversación, por las preguntas que me hizo inmediatamente me di cuenta de que Molina Morillo era un gran conocedor de la actividad deportiva y así me lo demostró a lo largo de los casi 17 años que trabajamos juntos en la revista [A]HORA y luego en el periódico EL DÍA.
Siempre recuerdo las reuniones que hacíamos todos los lunes para presentar los temas de la revista, donde su primera petición era que las mismas empezaban a las 9:00 y que quien llegara a las 9:01 se quedaba afuera. Así de exigente era con el horario el doctor Molina Morillo.
En los meses que se desarrollaba el torneo de béisbol profesional del país estaba muy atento a todo lo que acontecía con sus Águilas Cibaeñas. Siempre me preguntaba cómo veía las posibilidades de su equipo y decía que el torneo concluía para él cuando su equipo era eliminado. No apoyaba otro.
El doctor, como le llamamos, siempre nos apoyó en todas las iniciativas que tomábamos para cubrir cualquier actividad.
Observar desde mi asiento la oficina del doctor, apagada y cerrada, porque nunca la cerró para nosotros, me causa un dolor muy profundo.
Sólo me conformo porque sé que Dios lo tendrá a su lado por ser un ángel.
