Mis dos primos me violaron (segunda parte)
“De buenas a primeras empezaron a forcejear, un palo de escoba arrebató la inocencia de dos de los presentes, mientras le tapaban la boca para que los vecinos no escucharan los gritos de dolor (yo estaba barriendo mientras esto pasaba). ¡Pobrecitos! Al ver lo sucedido, salí corriendo y nunca hablé del tema. Esta situación se volvió costumbre, yo jamás volví por ahí.”
En nuestro artículo anterior, narramos una triste historia de violencia sexual en un entorno familiar, suceso que terminó en tragedia para todos los afectados, menos para los agresores. Carlos, nuestro protagonista, termino con múltiples problemas psicológicos, su hermano, como consecuencia de la violación, se colgó de un árbol y yo… mejor no digo donde estoy.
La violencia sexual infantil en la familia es más común de lo ustedes se imaginan, de hecho, 8 de cada 10 agresiones sexuales las realizan personas cercanas o están dentro de los entornos familiares; lo que nos lleva a reevaluar la confianza depositada en terceros para el cuidado de nuestros niños y niñas.
Lo alarmante de todo esto es que, según la organización Save The Children, en la mayoría de los casos, los agresores no tienen ningún antecedente penal relacionado con violencia sexual y la mayoría de los abusos empiezan a la tierna edad de 11 años.
Como padres, familiares y amigos, debemos tener algo muy claro: ¡Los adultos no juegan con los infantes! En República Dominicana, algunas personas, me imagino que, por un tema cultural, apenas ven un niño o niña, y empiezan a tocarlo/a y a jugar con ellos y esto es totalmente incorrecto y es una violación a la privacidad y espacio de los menores.
Desde la niñez hay que fomentar la confianza en nuestros hijos e hijas, y hablar claro; especialmente cuando se trata de los órganos sexuales (nombrándolos correctamente), además, debemos enseñarles a no guardarle secretos a otros, para que nos informen cuando no se sientan cómodos en algún lugar, con algo o con alguien.
Es también deber de todos enseñar a los pequeños a poner límites, pero como adultos también es bueno conocerlos. Entiendo que, por muchos factores, en el caso de nuestro país, somos personas muy cálidas y simpáticas, pero al no poner límites sobre el contacto físico, confundimos a los niños en la construcción de su personalidad e identidad.
En ningún lugar, bajo ningún contexto, si el padre o madre no le autoriza, usted no debe, ni puede tocar un hijo ajeno, así vayan a la misma escuela, sean compañeros de trabajo o hermanos de la iglesia.
Dejemos esa mala costumbre de ayudar sin pedir permiso, hacerle tanta gracia a un niño desconocido, tocar sus manos, rostro, cabello y a la vez cargarlo sin aprobación de los padres. Es cierto que los niños son tiernos, pero eso no le da el derecho a nadie de agredirlos. En este aspecto debemos tratarlos como trataríamos a un adulto, ¿acaso usted toca o carga una persona por impulso?
Existe una diferencia entre abuso y violencia sexual y es bueno conocerla. El abuso sexual es cuando una persona, aprovechándose de su posición y la vulnerabilidad de su víctima, tiene alguna interacción física o psicológica que no necesariamente termina en penetración. La violencia sexual es cuando existe una agresión física directa contra la víctima, es decir, un acto sexual sin consentimiento que puede ser una violación, acoso sexual, tocamientos, entre otros.
Entiendo que es difícil estar 24/7 pegados a una cámara vigilando a nuestros pequeños, tampoco tenemos el poder de la omnipresencia para estar cuidándolos donde quiera que estén, sin embargo, podemos desarrollar herramientas para el cuidado de nuestros hijos y no necesariamente tenemos que ser unos profesionales para lograrlo.
Ya en nuestra tercera y última entrega les prometo que no solo le daré las claves para identificar la violencia sexual infantil, también les diré como evitarla.
¡Muchas gracias por su paciencia!

