Minerva: 100 años después

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Através del decreto 117-26, el presidente Luis Abinader dejó conformada una comisión con el objetivo de desarrollar una secuencia de actividades académicas y culturales, en el transcurso de todo el año, con ocasión del centenario del natalicio de Minerva Mirabal.

Las actividades que han sustentado y motivado este mandato presidencial van desde concursos literarios, representaciones teatrales, exposiciones de artes visuales y, además, actos protocolares exaltando la figura de esta prodigiosa mujer.

Una vida con causa
El 12 de marzo de 1926 nació en Ojo de Agua, Salcedo, Minerva Mirabal Reyes, una mujer destinada, junto a sus hermanas, a convertirse en uno de los símbolos más poderosos de la lucha por la libertad en la República Dominicana.

Roberto Ángel Salcedo

Desde pequeña mostró una inteligencia excepcional: a los cinco años ya sabía leer y escribir correctamente, y a los siete recitaba versos de los clásicos franceses, como Víctor Hugo.

En la casa familiar, Minerva desarrolló temprano el hábito de leer sobre historia, literatura y textos políticos. Ese ambiente doméstico, junto con la influencia de su padre, Enrique Mirabal, un hombre con inquietudes intelectuales, estimuló la formación de su pensamiento crítico y moldeó su capacidad analítica. Su madre, Mercedes Reyes, por su parte, inculcó en sus hijas disciplina, valores familiares y una profunda conciencia ética y moral.

Además de las letras, Minerva cultivó con pasión la pintura, siendo Picasso y Juan Gris sus artistas favoritos.

Durante la adolescencia fue enviada a estudiar al Colegio Inmaculada Concepción, dirigido por religiosas. Allí se destacó como una estudiante brillante, especialmente mostrando predilección por los textos clásicos de literatura, los estudios sobre la historia universal y el debate. En ese período empezaba a aflorar en ella un espíritu de inconformidad frente a las injusticias propias de la dictadura, y un creciente cuestionamiento al clima político imperante en el país.

El amor de Minerva por los libros fue uno de los valores que enriquecieron su conciencia crítica. Entre los textos que influyeron en su formación intelectual se encontraban escritos sobre la Revolución Francesa, así como obras literarias de autores como el periodista y novelista francés Émile Zola, cuyas narrativas sobre la lucha contra la injusticia social resonaban profundamente en su conciencia y sensibilidad. Esos libros no solo ampliaron su horizonte intelectual; también fortalecieron en ella la convicción de que la dignidad humana debía defenderse incluso frente a los poderes más temibles.

Minerva, habiendo crecido en una época de particulares privaciones, bajo un férreo y sórdido régimen en el cual se conculcaron los más fundamentales derechos humanos, se matriculó en dos carreras simultáneas —Derecho y Filosofía— en la Universidad de Santo Domingo, entendiendo con prontitud que la libertad no podía ser vista como una concesión del poder, sino como una esencial conquista humana. Su camino académico no estuvo exento de obstáculos: en su segundo año universitario enfrentó dificultades para inscribirse, evidencia de que la actitud avasallante del régimen seguía su curso.

Aun así, se recibió con las más altas calificaciones y honores, summa cum laude, el 28 de octubre de 1957. Sin embargo, la oprobiosa tiranía le negó el exequátur, impidiéndole ejercer su profesión en razón de su actitud firme ante la defensa en beneficio de las libertades públicas.

En el año 2020, el gobierno del presidente, Luis Abinader, le entregó, de manera póstuma, el exequátur como doctora en Derecho, en homenaje a su memoria, trayectoria y aportes a la sociedad dominicana.

Minerva y sus hermanas
Con el paso de los años, Minerva se convirtió en una de las voces más firmes contra la tiranía. Junto a sus hermanas Patria y María Teresa, integró el movimiento clandestino que buscaba el restablecimiento de la democracia y la dignidad del país.

En ese contexto, y a través de la utilización del seudónimo “La Mariposa”, Minerva sembraba la simbología del más elocuente método de lucha contra las cadenas de la opresión y el abuso.

Su causa no fue solo política; fue también profundamente ética. Minerva representó la conciencia de una generación que se negó a aceptar el miedo como norma. Su valentía demostró que la resistencia no siempre se libra con armas, sino con convicciones, con palabras firmes y con la decisión de no someterse ante la injusticia.

El 25 de noviembre de 1960, el asesinato de Minerva junto a Patria y María Teresa marcó uno de los episodios más dolorosos y decisivos de la historia dominicana. Aquella tragedia sacudió la conciencia nacional e internacional y contribuyó a acelerar el derrumbe de la dictadura que había oprimido al país por tanto tiempo.

Con el paso de las décadas, Minerva Mirabal trascendió la historia dominicana para convertirse en símbolo universal. Su memoria está ligada hoy a la lucha por la democracia, por los derechos humanos y por la dignidad de las mujeres en todo el mundo.

No es casual que, a través de la resolución 54/134 de las Naciones Unidas, del 17 de diciembre de 1999, se conmemore el 25 de noviembre de cada año el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, inspirado en la memoria de las hermanas Mirabal.

Propósitos de la conmemoración centenaria
Su centenario no es solo una básica conmemoración cronológica; es un recordatorio de que la fuerza moral se cultiva y se anida en el carácter y en el alma de una familia que decidió enfrentar, con valentía y determinación la injusticia. A cien años de su nacimiento, su nombre sigue pronunciándose desde el respeto, la admiración y la gratitud.

Durante todo el 2026, dentro y fuera del territorio nacional, y en distintas modalidades y expresiones culturales, la figura de Minerva será recordada, reconocida y conectada con las nuevas generaciones, utilizando las más diversas tecnologías disponibles.

Minerva, a cien años de su nacimiento, es patrimonio del laborioso, noble y luchador pueblo dominicano. Su ejemplo continúa latiendo con vigor en el alma nacional. Minerva se reproduce en el pensamiento de miles de estudiantes que reciben, en las aulas, la enseñanza de su ejemplo; en los espacios de libertad que ayudó a conquistar y en su irrenunciable postura de que la dignidad nunca debe negociarse.
Su centenario es una invitación permanente a que la República Dominicana continúe construyendo una nación más libre, más justa y más digna.