Mientras el gobierno celebra baja de tasa de homicidios: la ciudadanía sigue viviendo asaltos, tiroteos y violencia en las calles
En los últimos días hemos escuchado nuevamente el discurso oficial sobre seguridad ciudadana. Se habla de una tasa de homicidios como la más baja desde que existen registros. También se destacan miles de armas recuperadas, estructuras criminales desarticuladas y la creación de nuevas plataformas tecnológicas para el análisis de datos.
Sobre el papel, todo parece indicar que la situación está bajo control, sin embargo, las estadísticas dicen una cosa y la realidad en la calle dice otra.
Basta observar lo que ocurre diariamente en los barrios y urbanizaciones del país para notar que el panorama es distinto. En los últimos días, por citar solo algunos casos, hemos visto episodios de violencia que han dejado personas muertas y heridas, generando alarma entre los residentes de las comunidades. También hemos presenciado delitos cometidos a plena luz del día, muchos de ellos captados por cámaras de seguridad y difundidos rápidamente en redes sociales, como una evidencia clara de la vulnerabilidad que sienten hoy muchos ciudadanos.
Incluso en sectores que han sido presentados como modelo dentro del denominado plan de seguridad integral, se siguen registrando asaltos. El caso más reciente involucra el robo contra joyería, ocurridos de forma consecutiva en menos de un mes.
Hoy mismo circula en redes sociales el caso de dos delincuentes que llegar a un negocio con la intención de cometer un asalto. El propietario del establecimiento reaccionó con un arma de fuego y uno de los atacantes terminó muerto. Más allá de las circunstancias específicas del hecho, la escena refleja el clima de tensión con el que viven muchos comerciantes, quienes sienten que deben defenderse por sí mismos ante la percepción de ausencia o debilidad del Estado.
Durante estos cinco años se han anunciado múltiples planes, operativos y estrategias que buscan transmitir la idea de que el Estado tiene el control de la situación. Nos presentan cifras, se contratan expertos internacionales y se anuncian nuevas herramientas tecnológicas, sin embargo, lo que percibe la ciudadanía es una política que reacciona después de que los hechos ya han ocurrido.
La improvisación se vuelve más evidente cuando la prioridad parece ser comunicar resultados antes que consolidar una estrategia real basada en inteligencia criminal, control territorial efectivo y coordinación institucional sostenida, a cinco años de proponer una baja de más de un 50% de la tasa de homicidios, vemos como la criminalidad sigue en aumento.
La seguridad no se construye únicamente con estadísticas ni con ruedas de prensa semanales, se construye cuando el ciudadano siente que puede caminar tranquilo por su barrio, cuando un comerciante abre su negocio sin temor a ser asaltado y cuando los hechos violentos dejan de repetirse en distintos sectores del país.
Mientras exista una brecha entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de la gente, la preocupación ciudadana seguirá creciendo y la confianza en los datos que se presentan seguirá debilitándose.
Porque, al final, más allá de los informes y de las cifras, hay una verdad que siempre termina imponiéndose: la seguridad de un país no se mide en los discursos oficiales; se mide en lo que ocurre todos los días en la calle.
Josefina Reynoso
Experta en Seguridad y Defensa
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