¿Merecen los presos una segunda oportunidad?
Yo también fui de las personas que creían que un privado de libertad no merece una segunda oportunidad y si usted me preguntaba sobre este tema, mi respuesta era: ¡Enciérrelo y bote las llaves!
Sin embargo, mi amiga Ana, una excelente abogada y ser humano, un día me hizo una llamada que jamás pensé que tocaría las fibras más sensibles de mi alma y me invitó a hacer un diplomado en Gestión y Tratamiento Penitenciario, impartido por el Instituto Superior Especializado de Estudios Penitenciarios y Correccionales (ISEEPENC).
En este diplomado, estoy aprendiendo tanto sobre el Nuevo Sistema Penitenciario de la República Dominicana y la gran importancia del acompañamiento psicológico, legal y pedagógico que requieren quienes están en prisión para tener una reintegración real a la sociedad y al mundo laboral y así poder reducir los riesgos de reincidencia.
En los Centros de Corrección y Rehabilitación (CCRs), los participantes de este programa tienen la oportunidad de reformarse y volver a recuperar sus vidas. Y cuentan con un grupo de profesionales de todas las áreas del saber, que están en disposición de acompañarles en este viaje.
Quien estudia la Reforma Penitenciaria de este país, termina enamorándose. Aunque suene como una utopía, en la práctica, se han logrado resultados extraordinarios; porque se están siguiendo los lineamientos internaciones, se respetan los derechos humanos y les están devolviendo la dignidad a los privados de libertad.
Con esto no busco justificar los diferentes delitos que pueda cometer un ser humano, pero si me gustaría mostrarles una óptica humana e imparcial sobre este tema tan delicado.
Es a la sociedad que le conviene que las personas que han cometido algún hecho punible se arrepientan y agoten un proceso de sanación, porque nos guste o no, algún día, volverán a estar entre nosotros.
La calle le entrega delincuentes al Nuevo Sistema Penitenciario y este les devuelve a las comunidades hombres y mujeres de bien: Profesionales, emprendedores, líderes sociales y religiosos.
Muchas veces nos negamos a apoyar un sistema de confinamiento que respete la dignidad humana, pidiendo que las cárceles sean centros de tortura e insalubridad para sus reclusos(as), pero ¿qué pasaría si en alguna ocasión nos toca estar en esos zapatos? ¿Seguiríamos teniendo el mismo pensamiento?
Mis queridos lectores, les invito a conocer más sobre este tema, porque pienso que es algo que todos debemos saber. Así como yo, dese la oportunidad de opinar desde la información y trate de evolucionar como ser humano.
Aunque todavía nos falta mucho camino por recorrer y errores por corregir para el correcto funcionamiento de los centros de rehabilitación, la Reforma Penitenciaria es una realidad que no debemos ignorar.
Agradeciendo a mis maestros, maestras y compañeros(as) del diplomado por la gran oportunidad que me han dado al recibir tanto conocimiento y permitirme deconstruir mi propia deshumanización.
Expreso mi admiración a los actores que están día a día dando lo mejor de ellos para que esta Reforma funcione (profesionales de salud, maestros, jueces, abogados) y al director de Servicios Penitenciarios y Correccionales, el señor Roberto Santana Sánchez, le expreso mis más sinceras felicitaciones y le exhorto que estamos con usted.
“Nadie puede volver atrás y empezar un nuevo comienzo, pero cualquiera puede empezar hoy y hacer un nuevo final.”