Siempre he pensado que el conocimiento y la experiencia no se llevan a la tumba. Que lo que sabes debes traspasarlo, que libro que lees debes pasarlo a otras manos, que la experiencia que acumulas debes contarla. No tanto por el legado, sino porque la historia tiene patas y camina y, además, tiene algo de circular.
En República Dominicana hace unos 60 años la industria farmacéutica nacional inició su historia, con la distribución y comercialización de medicamentos y su misión ayudar a los pacientes en sus terapias.
Fue un paso estelar de un grupo de líderes de esa industria que en principio era reducido y de contados nombres. Algunos empezaron como visitadores médicos. Luego fueron más y más. Y se convirtieron en empresarios medianos, primero; grandes, después.
En los últimos años varios líderes de la industria se han ido al Cielo y han cargado con ellos la memoria de sus experiencias. Han ido caminando uno por uno y no dejan sus memorias, sus historias y libros que cuenten sus experiencias y aportes dejados en el camino.
En conversaciones con líderes históricos de la industria farmacéutica les he hablado del tema y los he motivado a que escriban libros o memorias sobre su vida en el mundo del negocio farmacéutico. Les he dicho, incluso, que varios escritores dominicanos se dedican a la elaboración de esas obras biográficas a los cuales pueden contactar. Hay uno que otro enfocado en la industria farmacéutica.
Hace más de 15 años, don Román Ramos, líder del Grupo Ramos recientemente fallecido, publicó las memorias de ese grupo comercial en la cual incluyó narraciones desde su llegada al país, en los años 60, y todo lo que hizo en lo adelante, mencionando episodios puntuales que marcaron un antes y un después de la vida comercial del grupo y del país. Es una joya ese libro, escrito por la periodista y escritora Vivian Jiménez.
Bien, vayamos a lo que quiero comunicar en este artículo. Decía el escritor español Gustavo Adolfo Bécquer en una de sus obras: “Las palabras son del aire y van al aire”, sentencia posteriormente replicada en una de las canciones más famosas del músico Willie Colón. Y es así. Lo que no se escribe no queda, lo que al aire va el aire se lleva y no ocupa espacio en la Eternidad, aquello que el escritor austríaco Stefan Sweig describió como el asentamiento de la memoria y legado más allá del tiempo.
Motivo, con este artículos, a que los líderes históricos de la industria farmacéutica escriban sus memorias, sus historias, sus libros. Su familia, la sociedad, el país, la industria farmacéutica y toda la industria de la salud se lo agradecerán.
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