La doctora Molly O’Shea ha notado un creciente escepticismo sobre las vacunas en sus dos consultorios pediátricos de Michigan, y advierte que los cambios sin precedentes y confusos en las directrices federales sobre vacunas de esta semana sólo empeorarán la situación.
Uno de sus consultorios se encuentra en una zona demócrata, donde la mayoría de los padres que atiende opta por calendarios alternativos que escalonan las vacunas. El otro está en una zona republicana, donde algunos padres han decidido dejar de vacunar a sus hijos por completo.
Ella y otros médicos temen que las nuevas recomendaciones y la terminología empleada avivará aún más las dudas sobre las vacunas y supondrá un reto para los pediatras y los padres —lo que dificultará que los niños reciban sus inmunizaciones—, y, en última instancia, que provoquen más enfermedades y muertes.

El cambio más importante fue eliminar las recomendaciones generales de protección contra seis enfermedades y recomendar esas vacunas sólo para niños en riesgo o mediante un proceso denominado “toma de decisión clínica compartida” con un profesional de la salud.
La frase, explican los expertos, es confusa y peligrosa.
“Transmite a los padres el mensaje de que, en realidad, sólo un grupo selecto de personas necesita la vacuna”, dijo O’Shea. “Crea un ambiente que genera una sensación de incertidumbre sobre el valor y la necesidad o la importancia de las vacunas en esa categoría”.
Robert F. Kennedy Jr., el secretario de Salud —quien ayudó a liderar el movimiento antivacunas durante años—, declaró al anunciar los cambios que estos alinean mejor a Estados Unidos con países similares, “a la vez que fortalecen la transparencia y el consentimiento informado”.
No obstante, los médicos apuntan que siembran dudas —las vacunas se han estudiado ampliamente y se ha demostrado que son seguras y eficaces para proteger a los niños de enfermedades graves— en un momento en que las tasas de vacunación infantil ya disminuyen y algunas de esas enfermedades infecciosas se propagan de nuevo.
El viernes, la American Academy of Pediatrics (Academia Estadounidense de Pediatría) y más de 200 grupos de médicos, expertos en salud pública y de defensa de los pacientes enviaron una carta al Congreso sobre el nuevo calendario de vacunación infantil.
“Le instamos a investigar por qué se modificó el calendario, por qué se ignoró la evidencia científica creíble, y por qué la comisión encargada de asesorar al secretario del HHS (Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos) sobre las vacunas no discutió los cambios en el calendario durante su proceso de reunión pública”, escribieron.
Muchos desconocen el significado de “toma de decisión compartida”
O’Shea reporta que ella y otros pediatras hablan sobre las vacunas con los padres en cada consulta donde se administran. Sin embargo, eso no es necesariamente una “toma de decisión clínica compartida”, la cual tiene una definición específica.
En su sitio web, el Comité Asesor sobre Prácticas de Vacunación señala que “a diferencia de las recomendaciones rutinarias, de refuerzo o con base en el riesgo, las vacunas de toma de decisión clínica compartida no se recomiendan para todos los integrantes de un grupo de edad o de un grupo de riesgo específico. Más bien, estas recomendaciones de toma de decisión clínica compartida se basan en el individuo y se toman informadas por un proceso de decisión entre el profesional de la salud y el paciente, o su padre, madre o tutor”.
En este contexto, los profesionales de la salud incluyen médicos generales, médicos especialistas, auxiliares médicos, enfermeros de práctica avanzada con capacidad de prescribir, enfermeros colegiados y farmacéuticos.
Un par de encuestas realizadas el año pasado por el Annenberg Public Policy Center (Centro de Políticas Públicas Annenberg) de la Universidad de Pensilvania sugirieron que muchas personas no comprenden completamente el concepto, que surgió el año pasado cuando el gobierno federal modificó las recomendaciones sobre la vacunación contra la COVID-19.
Sólo alrededor de 2 de cada 10 adultos estadounidenses sabían que uno de los significados detrás de la toma de decisión clínica compartida es que “vacunarse puede no ser una buena idea para todos, pero beneficiaría a algunos”. Y sólo alrededor de un tercio se dio cuenta de que los farmacéuticos cuentan como profesionales de la salud con quienes hablar durante el proceso, a pesar de que ellos administran vacunas con frecuencia.
A partir de esta semana, las vacunas que protegen contra la hepatitis A, la hepatitis B, el rotavirus, el virus sincitial respiratorio (VSR), la gripe o influenza y la enfermedad meningocócica ya no se recomiendan universalmente para los niños.
Las vacunas contra el VSR, la hepatitis A, la hepatitis B y la meningococo se recomiendan para ciertas poblaciones de alto riesgo. Las vacunas contra la gripe o influenza, el rotavirus, la hepatitis A, la hepatitis B y la meningococo se recomiendan mediante la toma de decisión clínica compartida —al igual que la vacuna contra la COVID-19, aunque el cambio sobre esa enfermedad se implementó el año pasado.
Poco después del anuncio federal del lunes, el médico Steven Abelowitz recibió la opinión de media docena de padres.
“Nos causa preocupación, pero, sobre todo, preocupa a los padres con niños, especialmente con niños pequeños, y (genera) confusión”, agregó Abelowitz, fundador de Ocean Pediatrics en el condado Orange, California.
Aunque las recomendaciones federales no son mandatos —los autoridades sanitarias estatales tienen la autoridad de exigir la vacunación de los niños en edad escolar—, pueden afectar la facilidad con la que los niños reciben las vacunas si los médicos deciden seguirlas.
O’Shea explicó que, bajo las nuevas directrices, es posible que los padres que buscan vacunas en la categoría de toma de decisión clínica compartida ya no lleven a sus hijos a una cita rápida con su personal sólo para vacunarlos. Se sentarán con un profesional de la salud y hablarán sobre la vacuna. Y podría ser más difícil tener una clínica contra la gripe o influenza, donde los padres acudan en su auto y sus hijos reciban las vacunas sin necesidad de consultar a un médico.
Mantener el rumbo ante el aumento de los desafíos
Aun así, los médicos manifiestan que no permitirán que los cambios les impidan ayudar a los niños a recibir las vacunas que necesitan. Las principales asociaciones médicas se mantienen firmes en sus recomendaciones previas sobre las vacunas. Y muchos padres también.
Megan Landry, cuyo hijo Zackary, de 4 años, es uno de los pacientes de O’Shea, se encuentra entre ellos.
“Es mi responsabilidad como madre proteger la salud y el bienestar de mi hijo”, dijo. “Las vacunas son una forma realmente eficaz y bien estudiada de lograrlo”.
Planea mantener las mismas conversaciones de siempre con O’Shea antes de vacunar a Zackary.
“Basarme en la evidencia y en la guía médica confiable realmente me ayuda a tomar esas decisiones”, agregó. “Y para mí, no es solamente una decisión personal por mi propio hijo, sino una forma de contribuir a la salud de todos”.
Pero para otras familias, la confianza en las vacunas disminuye a medida que se erosiona la confianza en la ciencia. O’Shea lamentó que los padres reciban el mensaje de que no pueden confiar en los expertos médicos.
“Si llevo mi auto al mecánico, no realizo una investigación por mi cuenta antes”, manifestó. “Voy con una persona en quien confío, y confío en que me diga qué está pasando”.
Abelowitz, el médico de California, comparó la última medida federal con echar leña al fuego de la desconfianza, el cual ya ardía.
“Nos preocupa que el fuego esté fuera de control”, dijo. “Ya hemos visto que, con el sarampión y la tosferina, hay un aumento de hospitalizaciones e incluso de muertes. Así que, desde mi punto de vista —y desde el de mis colegas—, básicamente estamos retrocediendo décadas”.