"Medicamentos GLP-1: qué hacen en el organismo y cuáles son los riesgos de utilizarlos para adelgazar"

  • Llama a dejar de ver estos fármacos como soluciones estéticas y entenderlos como herramientas médicas. Realidad. Ganan protagonismo, exigen uso bajo supervisión profesional.

Info cambios de estilo de vida

SANTO DOMINGO.-El debate sobre los Medicamentos GLP-1 basados en péptidos similares al glucagón tipo 1 (GLP-1) ha tomado el centro de la conversación médica, pero a menudo se pierde en la superficie de la vanidad.

Lejos de ser la “solución mágica” que las redes sociales promocionan, la realidad es que estamos ante un cambio de paradigma en la medicina metabólica, una que obliga a ver la obesidad no como una falta de fuerza de voluntad, sino como una patología compleja que requiere abordajes científicos precisos.

La doctora Ivón Peña, nutrióloga clínica, es enfática en el punto de partida advirtiendo que el GLP-1 no es un invento farmacéutico, sino una hormona natural que nuestro organismo produce. Es, en esencia, una mensajera: “Cuando comemos nuestro intestino no solamente recibe alimentos; también envía información al cerebro y al páncreas.

El GLP-1 forma parte de esa conversación”, dijo. Entender este mecanismo biológico es la clave para comprender por qué estos fármacos no sólo actúan sobre el hambre, sino que son capaces de reconfigurar la salud metabólica del paciente. La especialista, quien es directora Médica de Control Clinic, describe que los medicamentos que actúan sobre esta vía pueden influir tanto en el control de la glucosa como en el apetito.

El peligro de la popularidad de estos medicamentos radica en el error común de reducir su uso a la pérdida de peso rápida. Según el análisis clínico actual, los objetivos de un tratamiento con GLP-1 son múltiples :

  • Regulación metabólica: Mejorar la respuesta de la insulina y controlar los niveles de glucosa en sangre, especialmente en pacientes con diabetes tipo 2.
  • Reducción de riesgos: Combatir enfermedades asociadas como la hipertensión, hígado graso, apnea del sueño y, en ciertos casos, reducir eventos cardiovasculares mayores.
  • Preservación funcional:
    El éxito no se mide sólo por las libras perdidas, sino por la calidad de esa pérdida; el foco debe estar en reducir la grasa preservando la masa muscular.

El llamado al orden

Peña habla de un fenómeno preocupante en la consulta: el uso de medicamentos por recomendación social o por ver resultados en terceros. “No es correcto pensar simplemente ‘este medicamento es para adelgazar’ sin mirar qué presentación estamos utilizando, cuál es su indicación y qué paciente tenemos delante”, señala.

La prescripción de estos fármacos demanda un ejercicio de medicina riguroso que va mucho más allá de una receta. Antes de administrar una dosis, el médico debe evaluar un espectro completo de parámetros:

  • Historia clínica integral: Evolución del peso, hábitos alimenticios y antecedentes médicos.
  • Perfil de laboratorio: Glucosa, hemoglobina glucosilada, función renal y hepática y perfil lipídico.
  • Evaluación de contraindicaciones: Revisión de antecedentes gastrointestinales, pancreáticos y endocrinológicos.

Una responsabilidad

Es compartida
El avance que representan estas terapias es innegable, pero su poder conlleva una responsabilidad compartida. Aclara que la obesidad no se resuelve culpando al paciente ni entregando recetas al azar: la clave está en el acompañamiento médico.

Sobre el autor

Erika Rodríguez

Periodista, ganadora del Premio Nacional de Periodismo Turístico Epifanio Lantigua en la categoría Gastronomía y Turismo.