Me cambió por otra
Para cuántas situaciones podríamos utilizar la frase “me cambió por otra”. La primera imagen que llega a nuestra mente tiene que ver con una relación pasional, donde un hombre deja a su pareja cuando se involucra con otra. Sin embargo, ese no es el tema que me ocupa hoy.
Los amigos también somos cambiados por otros. Hay personas súper amigables, quienes con mucha facilidad hacen amistades, personas con quienes podemos establecer relaciones muy cómodas. Muchas de esas personas van y vienen, por eso es que tampoco quiero ocuparme de esas relaciones.
Hablo de las personas que por años hemos considerado hermanos y que a todo el mundo le gritas que ellos son tus mejores amigos. Gente que talvez encontraste en la escuela primaria, gente que talvez encontraste en la universidad o en algún trabajo y con quienes has compartido buenos y malos momentos de ambas vidas.
Hablo de gente a quienes consideramos más que nuestra familia. Gente que sentimos como una extensión de nuestro propio ser y quienes en algún momento dejan de ser nuestros siameses para serlo con otras personas.
Hoy hago la reflexión porque a veces decimos que esas personas nos cambiaron por otra. Sin embargo, cuando pasamos la página es muy probable que ellos digan que fuimos nosotros quienes los cambiamos.
Hasta el momento no he descubierto la forma de mantener la estrechez de la relación cuando la distancia física se impone. La pérdida es evidente y tal como ocurre en las pérdidas irreparables tan bien son lastimosas y prolongadas.
El miedo también existe porque no hay forma de garantizar que el reencuentro existirá y de existir cómo podría ser o si los canales que antes existieron pudieran restaurarse de manera absoluta.
La esperanza y la fe son las mejores consejeras.