Más liberación femenina

Sin título

Por siglos, las mujeres fuimos propiedad de los hombres, objetos y esclavas.

Hoy votamos, nos hemos incorporado a la educación, al mercado laboral, somos sujetos de derechos y de acciones positivas como las cuotas de participación política que en muchos países oscilan entre 30 y 50%.

La liberación femenina expresó la lucha por la igualdad de género y la equidad. Esa revolución que comenzó con las sufragistas y las obreras ha vencido en grandes batallas, pero todavía el triunfo está lejos de ser total.

Los retos de la igualdad real entre hombres y mujeres son tan evidentes que nos dejan perplejos.

En nuestro país, y en muchos otros, la necesidad de equidad se traduce en mayores oportunidades laborales y mejores salarios para las mujeres o en políticas que permitan compatibilizar la vida laboral con la familiar.
La función de cuidado de la mujer en el hogar excluye, a veces, hasta de la misma vida social.

Las mujeres cuidamos al marido, a los niños y niñas, a los padres, a los abuelos y a todo el mundo. Y quién nos cuida a nosotras?

Hemos superado los asesinatos de mujeres por sus opiniones o militancia, pero seguimos presenciando el horror de los feminicidios.

El enemigo de las mujeres ya no es el Estado totalitario que las persigue, sino que puede ser su misma pareja.

La liberación femenina ahora es una liberación de la dependencia emocional que reproduce el círculo de la violencia.

Liberarse a tiempo de relaciones tóxicas y enfermizas es valoración de sí misma, autonomía y dignidad.

Los hombres y las mujeres somos interdependientes unos de otros, pero cuando nos perdemos en el otro corremos el riesgo de perdernos a nosotras mismas y hasta nuestras vidas.

La liberación femenina de hoy implica liberarse de la esclavitud de estar a la moda. De tener que ser joven y bella eternamente.

Liberarse es a aprender a envejecer con dignidad, sin riesgo de morir en un quirófano buscando atributos físicos que reclama una sociedad de consumo que aliena y opaca lo mejor y lo eterno del ser humano: su alma.