Más hombres, menos feminicidios

opinion 216

La civilización humana, desde su construcción se ha basado en una cultura antropocéntrica. El hombre fue el centro del poder, del culto, de comercio y el dueño de la familia.

En el derecho romano, el pater familia era homo sui iuris bajo cuyo control estaban todos los bienes y las personas que pertenecían a la casa, en especial la mujer y los hijos.

En el mundo moderno que se sustentó en el individualismo racional como base del liberalismo económico y político, el hombre siguió siendo el ciudadano que votaba y el que poseía el derecho a ser elegido a cargos públicos en función de sus bienes y sus capacidades.

En la construcción social que heredamos de nuestros antepasados, la mujer fue la gran ausente. Su visibilización en la especificación de los derechos humanos se evidenció como una deuda histórica de desigualdad, inequidad y discriminación.

La negación de la educación, del voto y la participación social de la mujer ejemplificó el predominio del macho que somete, domina o excluye en función de su hegemonía.

La violencia y los feminicidios siguen expresando esos comportamientos que son típicos de los machos del reino animal, no de hombres dignos y humanos cuya racionalidad se expresa no sólo en la afirmación de la libertad, sino de la empatía y en el ser con el otro, en reconocer al otro, en vivir con el otro y sentir con el otro.

Superando el éthos de la modernidad, la ética postmoderna nos compromete, como dice Bauman, a construir grupos morales en los que se incluye el matrimonio o las relaciones entre hombre y mujeres.

En ese contexto, la moralidad se constituye en freno de la libertad. No todo vale en esa construcción ética. El ser macho no es una expresión de libertad sino de salvajismo.

La construcción de una sociedad en paz exige la existencia más hombres y menos machos. Más hombres que valoren la vida, que cuiden de sus mujeres y de sus hijos, Más hombres que lloren de alegría o de impotencia ante el mal. Más hombres que lleven a vacunar a sus hijos e hijas a los centros de salud o a las escuelas.

Más hombres que hablen de sus problemas y los compartan. Más hombres que realicen las tareas domésticas en condiciones de igualdad. Más hombres que amen a sus mujeres, Más hombres que construyan vida, paz y esperanza para la familia y la sociedad.