Más cambio, más desarrollo humano sostenible

El desarrollo sostenible de un país no se logra exclusivamente con leyes, sino con en el cambio, el esfuerzo y trabajo de sus ciudadanos.

Corea del Sur o Taiwán en pocos años se han convertido en modelos para el mundo. El desarrollo de estas naciones implicó la construcción de una visión de país basada en el cambio mental, la mejora ambiental y el crecimiento económico equitativo.
En los 50 el Banco Mundial clasificó a Corea del Sur como país sin esperanza en el mundo y el The Times expresó que esperar que una democracia floreciera en Corea era como lograr que una rosa naciera en un contenedor de basura.

De la miseria extrema pasó a ser un país industrializado. Su base fue un cambio mental fundamentado en la diligencia, autoayuda y cooperación.

La diligencia se cimentó en la motivación espontánea y el espíritu pionero. La expresó la máxima “el ave matutina consigue el gusano”.

La autoconciencia se reflejó en la responsabilidad personal que parte de que “el cielo ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos”. La cooperación se basó en el convencimiento de que el espíritu del ser humano está orientado a los demás.

Dos es mejor que uno.
La República Dominicana, si quiere alcanzar un modelo de prosperidad compartida, tiene que cambiar.

El cambio debe venir de abajo hacia arriba. Comienza por creer que PODEMOS HACER y HACER, construir entre todos y todos los desarrollos.
En ese país que soñamos la diligencia se reflejará en disciplina, puntualidad, frugalidad y en un nuevo ethos en el que no vale más la corrupción, el derroche y el tener de sobra lo que le falta a otros.

La autoayuda, como convencimiento del ciudadano y ciudadana de que es el dueño de sí mismo y el protagonista de su destino llevará al repudio del clientelismo como acción que humilla y denigra al pueblo.

Cooperar implica construir juntos un proyecto común y sepultar el egoísmo partidario, la mezquindad política y el caudillismo. Lo mejor para el país es lo mejor para todos.